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El valor del productor musical

El trabajor del productor se asemeja mucho al del director de cine, pero con un peso más ponderado en las decisiones artísticas. A pesar de lo que diga la televisión, es una figura que ha perdido protagonismo, salvo excepciones, a medida que ha hecho falta recortar gastos, siendo al día de hoy una de las figuras menos valoradas del proceso de creación de un proyecto musical. Esta situación no es nueva y hace un par de años escribía en blog que tengo poco visible en mi web una reflexión sobre el valor de un productor.

El texto era el siguiente:

La revolución de la informática doméstica de los últimos años, unida a la explosión del home studio, un buen acceso a la información y una crisis económica donde hay que recortar costes hay dos figuras tradicionales en la cadena de grabación que han sufrido mucho: el productor y el mezclador.

Hoy hablaré del productor, porque antes que “ingeniero de mezclas”, soy productor y he visto como esta figura tan importante pasa al olvido. El productor no es simplemente uno que cobra y que no hace nada. El productor tiene que sacar el máximo provecho del grupo o artista, exprimir sus canciones a tope, lidiar con todas las partes implicadas, organizar y dirigir la grabación, buscar los mejores medios y asegurarse que el producto tiene el acabado previsto.

En un momento donde cualquiera se puede grabar su disco con un resultado “aceptable”, la figura de un buen productor marca la diferencia.

Poco después de escribir esto, surgió el tema en una conversación que tuve con un conocido ingeniero de mastering español. Él me contaba que la mayor parte del material que recibía sonaba correctamente, en mayor o menor medida, pero se notaba muchísimo la falta de un productor. Intrigado, le pedí que ahondara más en el tema, que qué era lo que notaba, y el lo definió así: "en muchas grabaciones que masterizo se nota que hay buenas ideas, pero las canciones no tienen orden ni entidad, no van a ninguna parte".

Por otro lado, la ya bien establecida ola del "hazlo tu mismo" ha potenciado un tipo de artista, minoritario pero notorio, que realmente es un buen productor, así que todo esto me hizo meditar sobre el peso real esa figura y la forma de clasificarlos, estableciendo cuatro grandes grupos.

  • El productor-autor: se encarga de producir su propio trabajo. Generalmente tiene conocimientos muy limitados o expecíficos a su ámbito y estilo. Skrillex podría ser un buen ejemplo de ello.
  • El productor asesor: se encarga de dar ideas y dirigir, en mayor o menor medida, al grupo, gracias a su instinto musical, pero no tiene conocimientos técnicos y, muchas veces, musicalmente es bastante limitado. Su labor a veces está infravalorada y siempre suelen ir en tanden con personas más técnicas o musicales, a veces acreditados como productores asociados. Aunque hay notables excepciones, muchos productores consagrados acaban convirtiéndose en ideólogos y viviendo de los réditos. Un ejemplo internacional podría ser Rick Rubin, pero hay muchos.
  • El productor clásico: Engloba las características del ideólogo, pero tiene amplios conocimientos musicales y conocimientos técnicos básicos que le ayudan a poder llegar a más aspectos de la producción. Un ejemplo sería Sir George Martin.
  • El productor-técnico: añade al productor clásico su capacidad para ejecutar la parte técnica del proyecto, aunque suelen tener menor formación musical y más técnica. Es un productor más escaso porque requiere una preparación más amplia y menos específica. Un ejemplo sería Rich Costey o Nigel Godrich.

No son categorías puras, y se me ocurren algún tipo más (productores vende humo) y hay personas que tocan varias facetas, pero creo que son representativas del panorama.

Yo, como productor, me englobo en la categoría de productor-técnico. Una parte muy importante de mi trabajo es ordenar y aumentar las ideas de los autores. Generalmente, el lenguaje de un grupo o artista está limitado por los gustos de cada uno y por su experiencia. Un productor musical (experimentado, se entiende, porque hoy se etiquetan alegremente de productor muchos) debe haber trabajado con multitud de artistas, estilos y medios. Debe saber interpretar la esencia del grupo, encontrar la mejor forma de registrarla y dirigir el talento de los artistas e intérpretes en esa dirección. Incluso artistas que tienen un gusto muy exquisito y elaborado podrían beneficiarse de la visión objetiva de un productor. Es fácil buscar en la discografía de algún grupo y revisar qué discos son autoproducidos y cuáles tenían a alguien que realmente dirigía el producto.

Otra parte importante de mi trabajo como productor es organizar y temporizar el proceso. ¿Cuántas jornadas hacen falta para grabar voces? ¿Qué instrumentos? ¿Qué método de grabación? ¿Todo el grupo a la vez o por partes?. Cuando el presupuesto es limitado (siempre lo es), estas son cuestiones que pueden decidir entre acabar o no un disco.

El productor-técnico también es responsable del acabado del producto. Si una banda quiere sonar, por ejemplo, a Nirvana, no debería en ningún caso parecerse a Bon Jovi. Eso no siginifica que el productor-técnico sea omnipotente ni omnisciente: como director, debe saber rodearse del equipo humano necesario para no dejar lugar los errores.

He basado mi carrera en componer, producir y grabar miles de canciones casi cualquier estilo que podáis imaginar (y algunos que no). Durante todos estos años me he enfrentado a muchos retos: la primera vez que grabé que grabé baterías, la primera vez que grabé una orquesta, la primera vez tuve que componer o producir algo de un estilo que jamás había escuchado. Todas esas primeras veces se presentan como problemas inmensos que, en un ambiente profesional, son definitorias de tu carrera. Algunas de las preguntas recurrentes que siempre me hacen son "¿cómo construyes una carrera?" o "¿cómo consigues trabajar en tantos ámbitos diferentes?" (cine, publicidad, discos, video juegos, etc). La respuesta la resumo en una lista básica de lo que significa para mí trabajar como profesional de la producción musical:

- Valoro el proyecto y el artista sin prejucios. Sea cual sea el objeto de la producción, hay alguien que expone su inquietudes artísticas ante ti en busca de tu ayuda. Infravalorarla o menospreciarla puede hacer que pierdas la oportunidad de trabajar áreas que de otra forma no podrías.

- Sé decir que no a proyectos. Puede parecer raro, pero, salvo en publicidad, no acepto todo el trabajo que me llega. Creo que en proyectos largos es muy importante establecer conexión con la persona con la que trabajas e implicarte emocionalmente. Esto es peligroso, porque no todo el monte es orégano, pero mi experiencia es que al final siempre es más positivo no dejar que ese 1% cambie mi forma de enfrentar la producción. Otras veces simplemente, no tengo tiempo y no hay nada peor que marear a alguien con plazos imposibles, lo que me lleva al siguiente punto.

- No uso "negros". Producir requiere MUCHO tiempo. Y mucho quiere decir, realmente mucho. En mi caso, eso implica semanas de entre 70 y 90 horas y alrededor 340 días laborales al año. Es el motivo principal por el que no suelo ir a conciertos (salvo que sean míos, claro), y apenas tengo vacaciones. No me parece honesto que alguien pague por mí y obtenga otra cosa (sea mejor o peor).

- Tengo un gran equipo humano a mi alrededor. Como no soy ni omnisciente ni omnipotente en todos estos años, he trabajando con un equipo humano que valoro y eso te da la tranquilidad de la fiabilidad. Aunque yo haga, por ejemplo, el 80% del trabajo, considero que el 20% restante es la clave entre una buena producción y algo notable y saber delegar y rodearte de esas personas es fundamental.

- Cada trabajo es único. Siento decir que yo no sé hacer producciones como churros. A cada trabajo le dedico el tiempo que requiere y si ese tiempo no existe, no me meto en el proyecto. No sé grabar discos en una semana, no sé mezclar discos en dos días y no pretendo aprenderlo ahora si eso significa restarle personalidad a cada proyecto.

- Cada trabajo es el más importante de mi carrera. He dejado el punto más importante para el final. Una carrera no es tener un mega-hit. Una carrera es ser fiable, poder mostrar tu currículum sin tener que explicar que en ese trabajo te pagaron menos y por eso suena mal. Cada proyecto es para mí una oportunidad de seguir trabajando en lo que me apasiona y no dudo en darlo todo, independientemente del presupuesto.

Y hasta el día de hoy, me ha ido bien siguiendo esta lista :-)

Si te has quedado con ganas de más, lee mis artículos en mi blog de Hispasonic, My plugin baby y sígueme en mi blog personal en Diario de un productor musical, en Facebook y en Twitter.

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