La obra comienza con una claro alegato a la vida moderna, describiendo aquí y allá los pormenores de una existencia ligada a la técnica de forma inexorable.
En ese marco, irrumpe el paroxismo de la individualidad, exigiendo un espacio para ser original en medio de la fría luz de lo políticamente correcto. Poco a poco, ese intento se vuelve ramplón, insulso, con demasiados lugares comunes, repetitivo, manierista, hasta resultar cargante, incluso indecente.
Llegamos a los compases finales de la creación astragados por tanta mediocridad y con la clara sensación de lo que pudo ser y no fue. Del desasosiego sólo nos saca el epeño por fracasar enla próxima entrega...
(Me pincho mayonesa, ¿o se dice mahonesa?)
En ese marco, irrumpe el paroxismo de la individualidad, exigiendo un espacio para ser original en medio de la fría luz de lo políticamente correcto. Poco a poco, ese intento se vuelve ramplón, insulso, con demasiados lugares comunes, repetitivo, manierista, hasta resultar cargante, incluso indecente.
Llegamos a los compases finales de la creación astragados por tanta mediocridad y con la clara sensación de lo que pudo ser y no fue. Del desasosiego sólo nos saca el epeño por fracasar enla próxima entrega...
(Me pincho mayonesa, ¿o se dice mahonesa?)
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