En aquellos tiempos rudos todo rascaba, el papel de limpiarse el trasero El Elefante, lija pura de estraza. El jabón Lagarto, que cauterizaba heridas tanto como creaba llagas en la piel. Y el bote de detergente Colón, que dejaba esa rugosa aspereza de tacto a cartón. Busque, y si encuentra algo mejor, cómprelo...
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