Sigo pensando que vivimos en una sociedad demasiado permisiva con algunas cosas. No se trata de volver a lo de antes

sino de ser consecuentes y atacar por donde hay que atacar. Tiene cojones que te entren a robar en casa y encima tengas que sacarles un café y unas pastas para que no te denuncien, que lo mismo se cojen un trauma de cojones y el juez "moderno" de turno decide que tú eres un hijo de la gran puta por joderles la vida.
Que la famosa ley de vagos y maleantes era pasarse de la raya, estamos de acuerdo, pero hemos saltado directamente al extremo contrario. Ahora el que se lleva las hostias y va al calabozo es el honrado, el currante, el que pasaba por allí.
A un colega de Valladolid, muy "moderno" con ciertos temas de discusión, hace un año le entraron en casa una pareja de asaltantes "interneisionals" mientras la familia dormía. Automáticamente le cambió el chip y es que al final a uno le toca la china y le ve las orejas al mismo lobo al que se dedicaba a alimentar. Afortunadamente no ocurrió nada, los chorizos se asustaron al oirlo gritar, pero le vino bien el escarmiento. No se puede defender lo indefendible, ni siquiera mirar hacia otro lado en pro de unos ideales.
Los ladrones son ladrones y las víctimas son víctimas, pero los ladrones nunca son las víctimas y punto.