Cuenta la leyenda (creo que urbana) que había un apacible pastor gallego reposando tranquilamente en un verde monte. El día era caluroso, por lo que la sombra de un manzano, aunque poca, siempre es bienvenida.
El pastor contaba las horas como quien cuenta el arroz, dejándolo pasar entre los dedos cuando, de repente, un helicóptero apareció de entre unas nubes negras en el horizonte.
Aquel monstruo aberrante, pilotado por un militar estadounidense, no atendía a razones durante aquellas prácticas de vuelo, por lo que jamás habría podido entender lo que pasó.
La hélice del cacharro desplazaba el aire a tal monstruosa velocidad que las ovejas, tan mansamente rumiantes, comenzaron a asustarse, balando
in crescendo ante el preocupado pastorcillo. Por lo que decidió actuar y levantándose con la ayuda de su garrota alzó los brazos haciendo la evidente seña para que el helicóptero se apartara y se fuese a cualquier otro lugar.
Nadie sabe, si aquel marine, sabía el lenguaje de signos tan claro que el pastor debió mostrarle, probablemente parecido al de levantar un dedo con el corazón o al de mover los brazos en señal de protesta. La cuestión es que aquel Apache (pues así era la
marca del vehículo) no se movía.
Las ovejas, tan asustadas como estaban comenzaron a escapar, y ya sabe todo el mundo que aquello es como el efecto dominó, en breve, estarían todas desperdigadas, el ladrido de los perros no bastaría para retenerlas.
Se requerían medidas desesperadas por lo que el pastor armándose de valor sacó su única y más preciada arma: una honda. Agarrando el primer pedrusco que tuvo a mano y moviendo el brazo hasta alcanzar un movimiento circular uniformemente satisfactorio. El pastor apuntó y soltó el rocoso proyectil hacia el infame vehículo.
La piedra colóse por uno de los respiraderos (perdónenme si desconozco el vocabulario técnico helicopteril) atascando el motor, causando la ineludible caída del cacharro. El militar, asustado y sorprendido, no daba crédito a la situación, los que si dieron crédito fueron los del banco para pagar las reparaciones que tal mole necesitó.
Por último decir que la leyenda termina asegurando que jamás se han vuelto a hacer prácticas de vuelo estadounidenses en Galicia.
Leyendas urbanas, la verdad del día a día.
Usted también merece saber lo que pasa en serio.
Creo que deberíamos advertir a los extraterrestres, justo después de que se acabe el disco de los Beatles.