1

Creative Sound Blaster AWE32

Descripción

Tarjeta de sonido ISA de tamaño casi completo, con sampler incorporado de 32 voces (EMU8000) y conversores AD/DA a 16-bit/44.1 kHz. Fue el primer dispositivo con soporte de Soundfonts, bancos de sonido basados en muestras que podían cargarse en una RAM ampliable hasta 32 MB en dos módulos SIMM (aunque sólo podía utilizar 28 MB).

Opiniones de usuario (1)
  • Soyuz MOD
    4
    Opinión de Soyuz hace 3 semanas

    Lo mejor: Soporte de Soundfonts

    Lo peor: Ruidosa, aunque es difícil achacarle nada en retrospectiva

    Datos de la unidad comentada | Año de fabricación: 1994 | Precio pagado: 360 € (nuevo)
    Hoy me he levantado nostálgico y, tras recordar este post de hace 10 años, he querido dedicar un pequeño homenaje a una pieza de hardware que no tiene el debido reconocimiento. Viajemos un cuarto de siglo hacia atrás, cuando hablábamos de "tarjetas de sonido" y no de interfaces de audio.

    A mediados de los 90, la informática musical era un sector todavía incipiente, donde las soluciones profesionales se movían en el entorno de los tres y cuatro ceros (pensando en euros) o directamente no existían, como en el caso de los samplers y sintetizadores, terreno casi exclusivo del equipo outboard y los grandes teclados.

    Pero en 1993 pasó algo que iba a cambiar este escenario para muchos aficionados. Creative (un fabricante de productos de audio de consumo, no profesional) compró E-MU, la famosa compañía de samplers y sintetizadores que años antes nos había dado el Emulator o la máquina de ritmos SP-12.

    La gama Sound Blaster de Creative ya era prácticamente un estándar de audio en los ordenadores PC, especialmente tras la llegada de la Sound Blaster 16 en 1992. Pero querían ir más allá, y ahora contaban con toda la tecnología de sampling de E-MU, que decidieron integrar en el siguiente modelo de la serie: la AWE32 (1994).

    La Sound Blaster AWE 32 mantenía el famoso chip Yamaha OPL-3 de las Sound Blaster Pro y 16, cuya síntesis FM básica daba pocas satisfacciones a la hora de imitar instrumentos reales (y tampoco era muy excitante en cuanto a sonidos electrónicos, la verdad). Pero además, añadía un elemento revolucionario en aquel momento: el chip EMU8000, un sampler de 32 voces con 1 MB de ROM y RAM ampliable, capaz de cargar Soundfonts. Fue de hecho el primer dispositivo capaz de cargar esos bancos de sonido que empezaron a proliferar en los primeros años de internet y, al estar basados en muestras, aportaban un nivel de realismo impresionante para una tarjeta doméstica, aunque hoy nos pueda parecer escaso.

    Ese chip y esa funcionalidad, inicialmente pensada para mejorar la experiencia sonora en unos videojuegos que todavía tiraban de música secuenciada y no de audio digital, abría todo un mundo al músico amateur en su home studio. Y por si fuera poco, podías hacerte tus Soundfonts con tus propias muestras, gracias al software Vienna Soundfont Studio.

    Había otras propuestas en el momento, como las tarjetas con sintes MT o SC incorporado de Roland, y no se puede negar que la primera tarjeta de este tipo con sampling fue la Gravis Ultrasound (1992). Sin embargo, la AWE32 fue la que se llevó finalmente el gato al agua, quizá también por la mayor capacidad de distribución de Creative (muy dominante entonces), pero sobre todo por la flexibilidad y capacidad de su EMU8000 y los Soundfonts. Muchos amateurs pudieron acceder, a un precio asequible, a un gran universo de sonidos y a la producción musical basada en ordenador por primera vez gracias a esta tarjeta.

    Luego llegaría la AWE64, una versión perfeccionada, de menor tamaño, mayor calidad de sonido y el doble de polifonía (aunque esto último se conseguía por software). Ya en 1998 vimos un salto mayor: la Sound Blaster Live!, con chip EMU10K1 de 64 voces reales, que usaba la memoria del PC para los samples, y fue la base de la E-MU APS. A partir de ahí y ya entrando en los 2000, irían saliendo sucesivos modelos como las Audigy y Extigy, más enfocadas a la reproducción de audio para videjouegos o cine, alejándose ya del entorno del productor musical aficionado. Pero la aportación significativa de la AWE32 queda para la historia.