Audiovisual

La poética de la sinestesia en la obra de Ryoichi Kurokawa

Ryoichi Kurokawa es un artista japonés reconocido por plantear un lenguaje sinestésico que traza procesos entre el videoarte, la instalación, la escultura, el sonido electrónico, la programación y la investigación audiovisual.

Podría ubicarse como un ejemplo perfecto de una tendencia de concepción del sonido y la imagen que nació con el advenimiento de tecnologías capaces de llevar la creación audiovisual al código, pudiendo desde este considerar nuevas posibilidades entre lo que vemos y oímos. Y también lo que pensamos, si tenemos en cuenta que en Kurokawa aparecen dimensiones de lo conceptual, de la materia y de la idea del universo mismo, logrando una comprensión integral entre lo que se piensa, se ve y se oye que caracterizará siempre su obra.

En Kurokawa se hallan por ello un sin fin de elementos propios de la cultura, la ciencia y el pensamiento de la contemporaneidad, no solo por las tecnologías que utiliza en su trabajo y por la importancia que tienen asuntos como la programación en su forma de proceder con el audio y la imagen, sino también porque conceptualmente establece un marco lleno de nuevas relaciones que van desde lo cósmico hasta la pregunta por lo vivo, no limitándose además las típicas formas de lo visual y lo audible, en tanto integra también lasers, holografía, espacio, datos, y una serie de factores cibernéticos que lo hacen uno de los artistas digitales más admirables.

La obra de Kurokawa supera el planteamiento tradicional del contrato audiovisual lineal para proponer un sistema orgánico que lo mantiene en la punta de las artes creadas a partir de de cruces de la experiencia intangible con las más asombrosas exploraciones de la ciencia y la materialidad.

Esto permite un diálogo más abierto que comprende más relaciones y rutas de conexión entre valores conjuntos de la imagen audiovisual en relación con los datos y las abstracciones de territorios del conocimiento como la cosmología. Un ejemplo de esto es sin duda el proyecto unfold, creado en colaboración con el astrofísico Vincent Minier, quien le brindó al artista información relacionada con la formación y la evolución de las estrellas y galaxias, las cuales Kurokawa explora en sonidos, imágenes y vibraciones.

En todas sus obras es presente algo que él mismo suele remarcar en entrevistas: la imagen y el sonido son uno y el mismo, los trata por igual. Su idea de la creación audiovisual entonces encuentra en su percepción un eje, que en su caso traduce principalmente desde el sonido y en relación directa con una forma de tratar los algoritmos para desde allí programar experiencias donde la sincronía de sonido y luz es tal, que realmente se viven de forma integral. Quizás su obra constrained surface es la que mejor muestra esta idea de sinestesia aplicada desde lo estético pero a su vez explorada en vías matemáticamente asombrosas.

Al lidiar con números, procesos generativos, reflexiones en torno a las redes, el universo y manifestaciones elementales como el sonido, la luz y el color, Kurokawa se permite una oscilación contante entre la abstracción y lo concreto, entre la referencia política y la reducción conceptual. Su obra aparece como un desarrollo cosmológico de complejos procesos donde no solo los espacios se disponen, sino cada objeto, como esculpiendo la materia con éter.

Hay una interesante reflexión metafísica en su obra que ofrece lo audiovisual como una nueva sustancia, como una especie de conglomerado de elementos que componen lo real pero se entienden únicamente desde proceso que implican la tecnología audiovisual en enlace directo con la virtualidad.

Hay sin embargo, algo que afirmar: aún sabiendo su cibernética concepción, no es artificial, tanto porque es una experiencia donde el movimiento y la percepción se hallan en situaciones nunca antes vistas, sino porque hay en el artista una constante referencia a la naturaleza.

Para comprender esto es necesario además situar también la idea de lo natural desde un desenvolvimiento alegórico y ligado a nuevas consideraciones de lo ecológico. Incluso en varias obras la naturaleza aparece para marcar una especie de reflexión política, aunque conservando un tono sutil e inteligente en este respecto, donde la reflexión aparece como el murmullo de la distopia y el post-naturalismo, de las ecologías oscuras o mezcladas, de los territorios y sus fugas, de las comprensiones de nuevos hábitats entre lo real y lo virtual, como en los laberínticos mundos de parallel head:

Si la ciencia, la tecnología, la reflexión filosófica y las nuevas formas de comprendernos ecológicamente que van surgiendo en el siglo XXI han de encontrarse en un lugar, es sin duda en este japonés que en no muchos años se ha forjado una carrera admirable, donde el artista aparece como investigador, científico de lo estético, ilusionista en un mundo donde la percepción yace abierta, a menudo sobre estimulada y en gran medida apta para recibir universos como los que plantea este ciber-alquimista.

Su arte trata con formas intangibles, inmateriales, holográficas, en conexión y dislocación, sin tiempo o con este, en espacios y fuera del mundo, capaz de aparecer en tantos formatos como permite su cosmovisión: como escultura, concierto o instalación. Su capacidad de abarcar los elementos materiales a la par de manifestaciones más etéreas como la luz y el sonido expanden las posibilidades de una suerte de cosmología unificada donde sea transversal hablar de la ficción y lo real. Su obra puede así abarcar cualquier dimensión en cualquier formato, de cualquier manera, a través de cualquier sentido, pudiendo ver lo que oye o escuchar con sus manos. Cuando la sinestesia se hace poesía.

Miguel Isaza
EL AUTOR

Miguel es un investigador que relaciona la filosofía, el arte, el diseño y la tecnología del sonido. Vive en Medellín (Colombia) y es fundador de varios proyectos relacionados con lo sonoro, como Éter Lab, Sonic Field y Designing Sound.

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