Sonido en vivo

Saber de todo no es la solución

Técnico de sonido
Olaf Oliviero Riemer 2010

Hasta hace pocos años nos han educado en el sentido de la especialización. Uno tenía que ser el mejor en algo muy concreto y dicha especialización le permitiría afrontar con éxito su lado laboral. Pero la crisis y la falta de oportunidades nos ha empujado a pensar justamente lo contrario: cuanto más sepas y controles, más oportunidades laborales tendrás. Esta generalización puede ser válida en según qué sectores, pero ¿también en el nuestro? No.

Las comparaciones pueden ser odiosas, pero algo ocurre cuando “fuera” funcionan de una manera y “dentro” pasamos de todo. A rasgos generales, existen tres posiciones laborales bien definidas en cualquier concierto: técnico microfonista, técnico de monitores y técnico de PA. Definirlos no creo que os sea problema. La diferencia entre lo que ocurre “fuera” y “dentro” es que para muchos (los de fuera) cada una de ellas es simplemente una posición laboral que, además, demanda de su propia especialización; mientras que aquí lo hemos convertido en un simple escalafón laboral. ¿Existe mucha diferencia? Plues claro, todo un mundo. Aquí tenemos interiorizado que ser microfonista es el paso siguiente a descargar camiones; que ser técnico de monitores es el primero para tocar botones y, finalmente, técnico de PA es lo máximo a lo que puedes optar. Incluso los auxiliares técnicos se convierten en microfonistas (muchos no les otorgan ni tan siquiera el título salarial de técnicos), el de monitores es a quien todavía no hemos permitido tocar la mesa de fuera y el técnico de PA es el que menos trabaja porque tiene más responsabilidad. ¿Más que el microfonista? Quizá por ello muchos se sorprenden que haya técnicos de banda que no suban al escenario a “verificar” si los micrófonos están bien o mal colocados, pues se supone que el microfonista es un simple “colocapies de micro” y que es el técnico quien debe terminar ese trabajo. O también la cara de sorpresa del técnico “guiri” que llega y se ve en la necesidad de repasar todos y cada uno de los micrófonos. Resolvemos esta situación con lo de “es que es novato”. Un día uno de ellos me respondió: “entonces, ¿por qué trabaja de microfonista?”. El técnico de la banda subirá cuando la posición de un micro sea específica o distinta a lo estándar, a no ser que antes haya hablado expresamente con el técnico microfonista.

Al aceptar esta línea de promoción laboral que empieza en el microfonista y termina en el técnico de PA lo que hacemos es dilapidar la profesionalidad del sector. Las tareas propias de un microfonista van más allá de, simplemente, maridar soportes y micros, de tirar cables y organizar un par de cajetines. Este es el ABC de todo técnico que ya de por sí debe saber (junto con mucho más, claro está). Su trabajo implica no sólo lo anterior, sino la perfecta colocación del micrófono según sus características y necesidades con el instrumento, algo tan sencillo como que el soporte de micro no se mueva, la organización de todo el escenario, la planificación ante dos o más grupos... y mil tareas más que se resumen en la capacidad de resolver con la máxima velocidad y eficacia posible el rider del momento. Parece fácil, pero no lo es. Es cuando relegamos este trabajo a los “novatos” cuando concedemos demasiadas oportunidades al error y, como en todo, disminuimos a la baja la calidad global de nuestro producto. Y todo por un microfonista…

Hablar a estas alturas del de monitores, cuando ya lo hice, sería repetirse. Aún así, me sirve para destacar que muchas veces los conocimientos, actitud y aptitud del buen técnico de monitores puede diferir enormemente del técnico de PA (y viceversa), por lo que, ahora sí, es fácil entender que entre un buen técnico microfonista, otro de monitores y el de PA debe existir una correlación de profesionalidad y aptitud, pero no de forma imperativa una relación que permita el intercambio de trabajos por definición. Cuando entendamos esto, mejoraremos ya no el sector, sino nuestros propios productos. Dicho de otra manera: no valoremos a los técnicos por su amplia experiencia, sino por su mejor especialización (y con esto no quiero decir que no haya supertécnicos).

Hay empresas que esto lo tienen claro, hasta tal punto que no existe diferencia salarial entre un microfonista, uno de monitores y uno de PA. Normalmente, en esta situación son los mismos técnicos que se autodefinen en sus posiciones naturales y, lo que es todavía mejor, se autoregulan en caso de desequilibrios y disfrutan de la ausencia de clasismos. Pero otras, la mayoría, pagan menos al de monitores y todavía menos al microfonista, cuando no es el becario. Detectarlas es tremendamente fácil: escuchad.

Y ahora que he hablado de los conciertos, entenderéis que pudiera escribir lo mismo cuando hablo de eventos, convenciones y otros trabajos. Hemos convertido estos trabajos en “alternativas para mejorar nuestro paupérrimo sueldo”, consiguiendo menospreciar todavía más el trabajo —distinto— que se realiza en este sector. Audiovisual, cine, televisión, teatro, musicales, radio, eventos… cada uno de ellos necesita (¡y demanda!) técnicos especializados, distintos a los que estamos acostumbrados en el sector del directo. Pero hemos sobrevivido gracias a la no-especialización, a la (difícil) capacidad de poder afirmar que somos capaces de hacerlo todo… y así nos va. A nosotros y al sector.

R. Sendra
EL AUTOR

Con más de 20 años de experiencia en los escenarios, es técnico de sonido especializado en FOH. Trabaja para bandas nacionales e internacionales como técnico de mesa, y es productor técnico para diferentes festivales y grandes eventos. Kinosonik es su estudio de sonido basado en plataforma digital. Le gusta compartir y le encanta aprender.

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