El alma inmortal y las vitrocerámicas

En la edad media, la plebe, que era terriblemente inculta, compraba con su poquito dinero perdones para sus pecados y los de su familia. La iglesia se aprovechaba de su miedo y su ignorancia sacándole para sacarle las perras y prometerle un asiento un poco mejor en el cielo.

Pobres ignorantes.

Ahora en cambio nosotros no caemos en esas cosas. En su lugar, compramos productos especiales más caros para limpiar la vitrocerámica que cuando lees la composición resultan ser limpiadores corrientes de tipo jabonoso, pagamos por medicamentos especiales para los dolores de la regla que resultan ser una dosis especialmente alta de paracetamol, compramos aparatos que no entendemos ni necesitamos, cremas y productos químicos que nadie nos ha demostrado que sirvan realmente para algo, y nos ponemos en manos de psicoanalistas freudianos que después de tres años de terapia no han curado una mierda.

Y es que a nuestra manera somos tan incultos como el pobre campesino de la edad media. Y, como siempre, otros intentan aprovecharse de ello.

La diferencia es que el pobre campesino pagaba para salvar su alma inmortal y nosotros lo hacemos para proteger nuestra vitrocerámica.

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