Magacín

Chistes de bajistas

Imprescindibles en cualquier banda de rock que se precie, también deben reconocer que nos lo ponen demasiado fácil, cuando de hacer chistes sobre el día a día de dicha banda se trata...

«¿En qué se parece un bajista a una pizza mediana? De eso no come una familia entera.»

«En cierta ocasión, un grupo de atracadores tomó como rehenes a un grupo de bajistas en una tienda de música, amenazando con liberar a uno de ellos cada media hora si sus demandas no se veían satisfechas.»

«Un chaval empieza a tomar clases de bajo eléctrico. Cuando vuelve de la primera clase, su padre le pregunta, «¿qué aprendiste hoy?» «Las primeras cuatro notas de la primera cuerda» responde. Cuando vuelve de la segunda clase, su padre le vuelve a preguntar «¿qué aprendiste hoy» «Las primeras cuatro notas de la segunda cuerda?». Pasa una semana y papá le vuelve a preguntar «¿qué aprendiste hoy?» El chico responde: «No pude ir a clase, hoy teníamos una gira».»

«¿Cómo sabes que el bajo está afinado? Cuando el bajista babea por las dos mejillas.»

«El cantante y el guitarrista llegan al salón de ensayos, y se encuentran al bajista sentado, mirando su bajo con cara de enorme cabreo. «¿Qué te pasa?» le preguntan. «El cabrón del batería me ha desafinado una de las cuerdas del bajo, ¡y no quiere decirme cuál!»

«El misionero visita un viejo pueblo aborigen. Los pueblerinos tocan los tambores día y noche, llevando los nervios del misionero hasta el límite. Pasada una semana les pregunta si pueden parar. «No, no, los tambores no pueden parar, si paran, pasarán COSAS MUY MALAS». El misionario sigue su trabajo. Pasan días, y empieza a perder la cabeza. «¿Qué es eso tan horrible que hace que no podáis parar los tambores? No puede ser peor que vivir así.» «No, no, los tambores no pueden parar, o pasará ALGO HORRIBLE.» Nadie le dice al misionero qué es eso tan horrible. Tras unas semanas, el misionero visita al más viejo del lugar, suplicándole «por favor, dígame, ¿qué es eso tan horrible que sucede si paran los tambores?» El jefe le miró despacio, y poco después se apiadó y le contó el terrible secreto: «Cuando paran los tambores, ¡entra el solo de bajo!»

¿Alguien se sabe más?

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