CRONICAS DEL QUIMICO 01

Vivo en una torre en Hispasónicos.

Es de plastipiedra, con una hinchazón en la parte superior que es nuestra salam donde vivimos el huevo y yo. Esta espaciosa habitación circular sirve de sala de trabajo, experimentos y hogar.

Cuando encontré al huevo, estaba malherido e inconsciente. Lo traje conmigo y lo curé. Este ambiente, estar en el exterior, le desgasta, pero parece incapaz de quedarse quieto ahora que conoce lo que hay fuera.

Me he acostumbrado ya a su presencia y a veces temo, cuando tarda un poco, que no vuelva nunca más. Sé cuánto depende de su baño químico.

Monster viene a hacernos compañía de vez en cuando..., aunque nunca se lo haya pedido. No me importa tenerlo por aquí, no molesta. Hace reír al huevo y me alegro por eso, aunque distorsiones un poco el ambiente de la casa. En sus canciones habla de cosas que no he visto en este mundo, afortumadamente. Parece algo preocupado, atormentado y a la vez feliz. Viene a cualquier hora. Parece que no duerma. Su rostro y su cuerpo están como borrosos. No sé si es hombre o si es mujer. Dice que nadie verá nunca su cara. ¿Cuál será el origen de estas paranoias? Sé que si le pregunto, no me contará. Una vez me dijo:

- Soy una puta mentirosa -, y se echó a reír.

Se ríe de mí, esa criatura, y aún no sé por qué.

El huevo duerme en su baño, Monster mira por la ventana antes de cerrarla y ponerse a escribir. Después de todo, me gusta tenerlos aquí. Trabajo entre la arritmia provocada por el sonido de sus uñas sobre el teclado y el silencio del huevo. En realidad, todo esto un día se acabará y lo echaré de menos.

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