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Los promotores de EDM necesitan alternativas

Definir el EDM es algo complejo y que casi todos los editores tratamos de evitar para no meternos en el complicado jardín de contentar a todos los que nos leen, pero que a fin de cuentas debes hacer cada vez que escribes acerca del asunto. Personalmente me gusta definirlo como el fenómeno de música mainstream que reúne las vertientes más comerciales del big room, el electrohouse y el house progresivo, y que dependiendo del continente o país puede llegar a incluir algunas vertientes comerciales de bass music. Y sé perfectamente que esta definición no contenta a muchos. Independientemente de la definición, el lugar donde cobra bastante sentido el fenómeno del EDM es en festivales y eventos musicales de grandes proporciones, con espectaculares y sobredimensionados escenarios cargados de faraónicos montajes audiovisuales, en los que se ofrecen carteles con un interminable listado de DJs que suelen estar encabezado por varias figuras del selecto club de los top DJs.

La cuestión es que el fenómeno comienza a dar signos de comportamiento burbujístico por una parte, y por otra los DJs/productores –¿o debería escribir productores/DJs? Le preguntaré a Derek Zoolander...– que han estado dando forma a este fenómeno musical por festivales musicales de todo el planeta, comienzan a dar signos de un severo estancamiento artístico.

La música que estos señores pinchan apenas ha variado, las canciones quizá sean nuevas, pero el resultado comienza a ser casi idéntico. Sus sesiones parecen cada vez más enlatadas y preparadas, y la crítica musical lleva tiempo señalando y denunciando el poco riesgo que asumen muchos DJs de esta escena musical. De los nuevos discos de algunas estrellas mejor ni hablar: las publicaciones especializadas en música han hecho trizas los nuevos LPs de Calvin Harris y David Guetta, calificándolos en el mejor de los casos de carnaza para los charts de música pop y llegando a lanzar mensajes para estos artistas como “coge el dinero y olvida el talento”.

Ultra Music Festival

Y aunque parezca extraño, es el propio dinero el que está terminando de rematar esta escena musical. Duncan Stutterheim, fundador de la promotora ID&T y de los famosos eventos Sensation White, reconocía hace poco en unas declaraciones a la revista Quote la absurda situación que están generando los top DJs demandando cada vez más y más dinero, ya que aunque por el momento los promotores aceptan pagar cantidades desorbitadas como los 400.000$ que cobra Calvin Harris por cada uno de sus shows en Las Vegas, o los 350.000$ que hay que pagar a Tiësto por ponerlo a trabajar una noche, a la larga se quedarán sin público frente al que estar y no ganarán nada.

Los cachés cada vez más altos hacen subir los precios de las entradas en unos casos –este año las entradas generales del Ultra Music Festival de Miami suben por encima de los 500$– y echar el cierre en otros, como el Global Gathering que anunció que no se celebraría este año a la espera de vientos de cambio en 2016. Cuando festivales como Ultra tengan que bajar a última hora los precios para poder hacer el lleno completo, quizá empiecen a temblar los pilares de este nuevo negocio.

La gente joven hija de la clase pudiente blanca norteamericana puede seguir por ahora asaltando la MasterCard y la American Express de sus padres para pegarse un buen spring break en el Ultra de Miami o escaparse a Las Vegas un fin de semana a ver pinchar en el Hakkasan a los DJs más sobrevalorados del planeta mientras les cobran por una botella de champán lo que cuesta matricularse en una universidad española; pero sólo por ahora. Cuando algo global como la música queda vetado a las clases pudientes de manera tan descarada, es un claro signo de que las cosas se están tornando insostenibles. Stutterheim declaraba a Quote que tras invertir el pasado año 16 millones de dólares para pagar DJs en cinco festivales en Australia, no habían ganado nada. Es de suponer que el señor Stutterheim no va a repetir la inversión; cuando dices públicamente que la has cagado puedes quedar muy mal si repites el error.

Lamentablemente son muy pocos DJs los que cobran estas cifras astronómicas, ya que mientras los cabezas de cartel se llevan cantidades de como mínimo cinco cifras, el resto deben bajar sus cachés más y más para poder entrar en ese cartel. Stutterheim explicaba que el 10% de los DJs se comen el 90% del pastel. Quizá a los top DJs les pueda dar un poco igual cargarse la escena, porque para cuando quede destruida quizá hayan ganado para vivir el resto de sus días, pero a los que aparecen en letra pequeña en el cartel les están dando algo de pan para hoy y mucha hambre para mañana. Lo peor es que fuera del EDM, en el actualmente autodenominado “underground” –palabra que finalmente quedará relegada algún día para definir poco menos que el límite de BPM– , según Stutterheim se comienzan a pagar en EEUU cifras de 20, 30 y hasta 40.000€ por sesión a los DJs más punteros.

Ante tal panorama, los promotores de los festivales parece que van a tratar de buscar alternativas para poder seguir celebrando sus macroeventos, pero manejando otros presupuestos y ofreciendo otro tipo de espectáculos, aunque por ahora las cosas no van mucho más allá de curiosidades. Una de las novedades llega en la presente edición de Tomorrowland, donde ya ha anunciado que habrá un escenario en el que sólo se pinchará con vinilo. Sven Väth ha sido el primer artista anunciado para ese escenario, y parece que también dirigirá lo que allí suceda, porque el escenario llevará el nombre de “Cocoon”, las míticas fiestas del DJ alemán, así que además de vinilo, tendremos una importante variación de género. Aunque la propuesta parece cargada de buenas intenciones, el aprovechar la actual moda del “back to the vinyl” que tanto tráfico y tantas publicaciones llena –aún estoy esperando ese plato Technics que algunos aseguraron que saldría a la venta en Navidades y que tantos titulares sensacionalistas cuajó– no deja de ser un tanto oportunista, y hasta cierto punto me parece extraño pagar los casi 300€ que vale Tomorrowland por el atractivo de un escenario secundario con gente pinchando en vinilo. ¿Pretenderán venderlo como si fuera una especie de Jurassic Park? En verano sabremos el resultado.

También en Tomorrowland han anunciado que el último domingo cerrarán con la Orquesta Nacional de Bélgica, que actuará bajo el nombre de “The Symphony Of Unity”, y se desconoce si harán una mera actuación orquestal o hay planificado alguna actuación en plan crossover con algún DJ o artista electrónico. Sven Väth dirigiendo el área sólo para platos y The Symphony Of Unity son lo único confirmado en Tomorrowland por ahora, ya veremos si no hay más sorpresas.

¿Más alternativas? Parece que por ahora las van a ofrecer los propios DJs y creo que estarán dispuestos a cualquier cosa, desde cambiar de estilo hasta tratar de hacer cosas más creativas. Por ejemplo tenemos a Steve Aoki, que jura y perjura que ya no lanzará tartas, al menos no tan a menudo, y que tan solemne acto sólo sucederá durante los bolos específicos de su gira Neon Future; en “los otros” bolos no habrá tarta. A pesar de haber defendido durante mucho tiempo a capa y espada sus excentricidades de directo, Aoki parece estar dispuesto a ir retirando poco a poco uno de los elementos de su show al que más se agarran los que le critican de manera indiscriminada. ¿Tratando de entrar en territorios más serios? Es posible, ya que también asegura que ha estado trabajando en música de género deep house que verá la luz bajo un seudónimo. No tengo ninguna duda de que su equipo de marketing ya tiene preparada la sutil campaña de filtraciones sobre el alter ego housero del DJ californiano junto con el e-mail para pedir presupuesto de contratación. Quien sabe, quizá Aoki se convierta en el próximo Uz, enmascarado y pinchando con platos. Fuera de bromas, si alguien con el olfato de Aoki para los negocios esta diciendo en voz alta que hay que hacer deep house… igual algo de razón tiene, para qué nos vamos a engañar. Por cierto, que Justin Bieber también dijo algo de hacer deep house hace unos meses, ahí os dejo el dato. Parece que el deep va a volver a pegar fuerte.

Parece que David Guetta también podría preparar algo distinto a sus shows como DJ, y es que ha hecho unas cuantas actuaciones en la TV norteamericana presentando el single Dangerous “en directo”. En dichas presentaciones Guetta actúa con un par de Ableton Push con los que no está muy claro lo que hace, mientras lo que él llama una orquesta –en realidad es un cuarteto de cámara como mucho– junto con un bajista, un guitarrista y el cantante del single que es muy apañado y toca el piano, interpretan todas las partes de la canción para las que hay que estudiar algo de música; veremos si esta puesta en escena es algún tipo de propuesta de “live tour” o algo semejante. ¿Justificará con los músicos de directo que su nómina sea más alta que la de Iron Maiden? Es probable que no sea el único DJ reciclado por arte de magia –o de la tecnología– en "artista de directo". Carl Cox hace poco ponía su imagen para un vídeo promocional para Native Instruments del controlador S8, en el que aseguraba que quería conocer que podía crear más allá de mezclar dos discos y a dónde podía llevar el ser un DJ creativo. La publicidad muchas veces es el detonante de una tendencia, así que vaticino una oleada de reconversiones. Ya veremos lo que dura y la calidad real que aporta a la escena musical.

Teo Tormo
EL AUTOR

He trabajado como productor musical y discjockey. Desde hace años investigo y analizo la tecnología musical aplicada al DJ, buscando siempre las herramientas más innovadoras y observando su impacto en la industria musical.

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