Pongo un texto mío, no tiene na' de poesía, pero si cuela, cuela
Caminando sin rumbo por las sendas que se abren en la media noche,
dejando atrás las huellas que se dibujan en la infinita arena, errantes y olvidadas,
y las miradas rebosantes de melancolía y soledad, aletargadas,
el caminante fija su destino en lo que aparece tras el alto sauce.
Mira a la luna, y alza los brazos como muestra de júbilo
y empieza a derramar cristalinas lágrimas, como lo haría una cascada en pleno diluvio.
El caminante dice:
-Ilumina mi rostro, como lo hace el oro sobre la plata.
-Ilumina mis pasos, como lo hace el faro sobre el agua.
Ahora el caminante grita, grita con todas sus fuerzas mientras ve como la luna se desvanece.
Un círculo negro como la obsidiana abre un abismo en el que su última esperanza parece fundirse.
Cierra los puños y aprieta, aprieta hasta que aparece el fluído escarlata.
Es la sangre y la rabia en total consonancia.
La fuerza cesa, y el caminante se arrodilla ante el infinito.
La luna ha derrotado al oscuro círculo con total confianza
y, ahora, rayos de luz asoman y atraviesan las ramas, desarmadas.
El caminante rompe a llorar. La alegría le posee. Ahora puede buscar el mañana.