Havanna:
Es que en pocos países podrá haber una integración tan ramplona y estéril como en Ex-paña.
Para empezar, aquí no tenemos ni el orgullo razonable (no el cahuvinismo ni nada por el estilo) por lo propio, lo hemos sustituido por invenciones vernáculaso por la nada más absoluta (ten en cuenta que en los 50 hubo una emigración brutal desde Castilla, Extremadura y Andalucía a las tres zonas de atracción industrial: Barcelona, Bilbao y Madrid y esa gente ni adquirió casi las credenciales de una bueguesía excluyente, ni consevó las suyas propias).
Alemania, sin embargo, tenía,a pesar de sus länders y extructura federal, la vergüenza del Holocuasto, por lo que la mayoría de la población (fueran socialdemócratas o demócratacristianos) eran anti racistas, muy dados al ultra-humanismo, a lo alternativo, lo hipilondio y lo verde. Y no nos olvidemos que la parte heredada del bloque comunista, la DDR esrtaba llena de africanos, vietnamitas, sudamericanos de países o de tenbdencias marxistas (había hasta cubanos

).
Quien sabe que el fonde del caldo del arroz aleman es el idealismo, que lo tumultuoso de ese pueblo tiene más que ver con Kant o con Goethe que con el partido Nazi, no se extrañará de estas mezclas tan saludables para la vista, el oído y, seguramente, el tacto.
Deustchland über alles...!