Hola a todos. Llevo en Hispasonic desde 2005 y soy compositor/instrumentista/productor con más de veinte años de oficio entre bandas, música coral y música para imagen (algunos me ubicaréis del concurso de Música en Escena de hace unos años, con el corto "Destino"). Abro este hilo porque llevo meses con un proyecto que me ha obligado a replantearme cosas que se me ocurre debatirlo aquí
La pregunta de fondo es fácil de hacer y difícil de responder: ¿importa quién canta, si la canción emociona?
El proyecto se llama Mia Marlowe. Es una artista virtual: su voz y varios instrumentos se genera con IA. Pero la letra, la composición, mayoría de arreglos, la dirección y todas las decisiones son mías. No nació de un reto tecnológico, sino de una necesidad de expresar temas antiguos y nuevos que de otra manera tardarían meses incluso años en poder oirse. Muchas canciones me pedían una voz y un personaje que yo no podía poner —ni con mi voz ni con la de nadie de mi entorno—, y quise ver si construyendo un artista virtual desde cero podía contar lo que quería contar.
Ahora, sé lo que algunos estáis pensando, porque yo también lo pensaba: "entonces lo hace la máquina". Y aquí es donde creo que está el quid de la cuestión, con el oficio de por medio. El render que me devuelven Suno o ACE Studio no es nunca lo que publico —jamás—; es materia prima. Lo desangro en ingredientes, me quedo con lo que sirve, y recompongo la canción entera en Cubase: edición, afinación, timing, arreglos, mezclas y mastering. La voz de Mia, tal como suena en el disco, es una construcción mía a partir de fragmentos, no un export. Funciona más como dirigir y editar a un cantante de sesión que como pulsar un botón. (Si en algún momento del hilo interesa, os enseño la sesión)
Cuando la fuente del sonido cambia pero la intención, las decisiones y el oficio siguen siendo humanos, ¿dónde ponéis la frontera de la autoría? ¿La pone la voz? ¿La pone quien decide cada nota y cada corte? ¿Os emociona menos una canción si descubrís después cómo se construyó la voz? A mí esa última es la que creo que centra el debate, la voz más que los intrumentos (que muchos ya eran por via VSTs...), de ahí el título del hilo.
Por cerrar el marco: todo está registrado en SGAE y Mia es marca; la atribución es clara y pública. Y por contexto, no por vender: el tema despertó interés fuera del foro (Fallo de Sistema, en Radio 3, le dedicó un programa al asunto de la autoría) y en un par de semanas distribuyo en digipack físico de tirada limitada. Pero lo que me apetece es esta conversación, no el escaparate de por sí.
Os dejo un tema para que lo juzguéis con los oídos, que al final es el único juez que vale: https://open.spotify.com/intl-es/track/0jjcB9rtK7dgCYZnLXmwYU
¿Qué pensáis de todo ello? Me interesa el desacuerdo razonado tanto como el acuerdo —aplausos fáciles, ninguno—.
Un abrazo,
Víctor (Vic Brass)
La pregunta de fondo es fácil de hacer y difícil de responder: ¿importa quién canta, si la canción emociona?
El proyecto se llama Mia Marlowe. Es una artista virtual: su voz y varios instrumentos se genera con IA. Pero la letra, la composición, mayoría de arreglos, la dirección y todas las decisiones son mías. No nació de un reto tecnológico, sino de una necesidad de expresar temas antiguos y nuevos que de otra manera tardarían meses incluso años en poder oirse. Muchas canciones me pedían una voz y un personaje que yo no podía poner —ni con mi voz ni con la de nadie de mi entorno—, y quise ver si construyendo un artista virtual desde cero podía contar lo que quería contar.
Ahora, sé lo que algunos estáis pensando, porque yo también lo pensaba: "entonces lo hace la máquina". Y aquí es donde creo que está el quid de la cuestión, con el oficio de por medio. El render que me devuelven Suno o ACE Studio no es nunca lo que publico —jamás—; es materia prima. Lo desangro en ingredientes, me quedo con lo que sirve, y recompongo la canción entera en Cubase: edición, afinación, timing, arreglos, mezclas y mastering. La voz de Mia, tal como suena en el disco, es una construcción mía a partir de fragmentos, no un export. Funciona más como dirigir y editar a un cantante de sesión que como pulsar un botón. (Si en algún momento del hilo interesa, os enseño la sesión)
Cuando la fuente del sonido cambia pero la intención, las decisiones y el oficio siguen siendo humanos, ¿dónde ponéis la frontera de la autoría? ¿La pone la voz? ¿La pone quien decide cada nota y cada corte? ¿Os emociona menos una canción si descubrís después cómo se construyó la voz? A mí esa última es la que creo que centra el debate, la voz más que los intrumentos (que muchos ya eran por via VSTs...), de ahí el título del hilo.
Por cerrar el marco: todo está registrado en SGAE y Mia es marca; la atribución es clara y pública. Y por contexto, no por vender: el tema despertó interés fuera del foro (Fallo de Sistema, en Radio 3, le dedicó un programa al asunto de la autoría) y en un par de semanas distribuyo en digipack físico de tirada limitada. Pero lo que me apetece es esta conversación, no el escaparate de por sí.
Os dejo un tema para que lo juzguéis con los oídos, que al final es el único juez que vale: https://open.spotify.com/intl-es/track/0jjcB9rtK7dgCYZnLXmwYU
¿Qué pensáis de todo ello? Me interesa el desacuerdo razonado tanto como el acuerdo —aplausos fáciles, ninguno—.
Un abrazo,
Víctor (Vic Brass)
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