Grabación

Chemi López en Conectados: grabar flamenco sin ecualizar y la historia del cante

La entrega número 106 de Conectados nos trae a Chemi López, músico, musicólogo, productor e investigador del flamenco, y fundador del sello La Droguería Music en Écija (Sevilla), Chemi combina la investigación sobre grabaciones históricas y discos de pizarra con su trabajo en un estudio de grabación en activo.

Su reciente libro, El cante después del cante. La era acústica (1878-1926), es el resultado de años de investigación sobre las primeras grabaciones del género. Chemi se define con sus propias palabras como «un majareta del cante y del flamenco», una frase que refleja la necesidad de locura para emprender un negocio basado en el canto y la guitarra flamencos, un género manoseado por las multinacionales y convertido en música ligera.

De dónde viene

Chemi López partió del rock y el pop. Su puerta de entrada al flamenco fue Pata Negra, Mártires del Compás y Veneno. Solo después llegó a figuras como Camarón, Marchena, la Niña de los Peines y Mairena; su curiosidad siempre le empujó hacia lo más primitivo. Para él, el flamenco es música de repertorio que requiere una escucha repetida para encontrar los pequeños tesoros ocultos en las grabaciones. Aprendió a tocar la guitarra de forma autodidacta, viendo conciertos y programas de televisión que grababa en VHS: Lole y Manuel (Teatro Lope de Vega, Sevilla, 1985), con Manuel Molina. Después siguió los modelos de Raimundo Amador y Melchor de Marchena, sin llegar a ejercer nunca como guitarrista de acompañamiento al cante.

Hacia 1997-1998, tomó la decisión de grabar discos con una base sólida. Para ello, estudió historia de la música, solfeo, armonía y contrapunto. Su enfoque se basa en la musicología para analizar el flamenco, con la producción como complemento. Cursó una carrera de Musicología en Salamanca y un máster de producción en Barcelona dirigido por Charly Chicago. Antes, había realizado cursos en Microfusa sin contar con conocimientos sobre estudios de grabación. Apenas dos semanas después de comenzar el máster, Charly lo incorporó a su equipo; aunque era el alumno con menos experiencia, demostró la actitud necesaria para gestionar una grabación. Chemi considera a Charly como un hermano mayor, con quien convivió durante dos o tres años y que le apoyó para conseguir el sonido adecuado en sus discos.

Chemi fue el creador de una chirigota en el carnaval de Écija, donde actuó como director y autor tanto de la letra como de la música entre 1993 o 1994 y aproximadamente 2004. Con una formación que incluía unas 14 o 15 voces, dos guitarras, caja y bombo, renovaba el repertorio cada año. De esta experiencia aprendió a gestionar personas. Actualmente, Chemi se considera un analista: evalúa las virtudes y fallos de cada artista para saber qué resorte tocar. En el estudio, este enfoque le permite resolver los problemas con rapidez, que es precisamente la tarea por la que se contrata a un productor.

Línea de tiempo de la grabación del flamenco: cilindros de cera en 1878, primeras grabaciones en Madrid en 1899, grabación eléctrica en 1926 y cinta magnética hacia 1950
Las épocas de la grabación del flamenco y los dos volúmenes del libro
Hispasonic

La Droguería Music

Chemi estuvo en Barcelona hasta mayo de 2005, cuando regresó a Écija con el objetivo de montar un estudio propio. Entre tanto, fue guitarrista del cantante de Mártires del Compás en el disco Canciones de mesa camilla, publicado por EMI. La idea inicial era solo un estudio de grabación, pero los artistas, con el máster en la mano, se quedaban sin medios para fabricar, licenciar o promocionar sus discos. De ahí nació el sello. Chemi se dio de alta como autónomo, tramitó todo el papeleo de los artistas y pasó a dirigir la gestión de artistas. La Droguería Music toma su nombre del negocio familiar de droguería y perfumería, activo desde los años treinta.

Hoy, La Droguería Music abarca estudio, sello discográfico, editorial y management. Se especializa en cante y guitarra flamenca, aunque también publica discos de guitarra solista. Según Julio Navas, hacia 2010 el estudio era muy básico y las primeras referencias con un catálogo propio datan de 2013. Chemi recuerda los inicios sin miedo a nada y sin horario fijo, y afirma: «los autónomos somos los esclavos del siglo XXI». Siempre estuvo en busca de maestros y copió directamente a quienes ya hacían lo mismo.

Carnaval y música cofrade

La música cofrade le sirve a Chemi para desconectar del flamenco. Graba un trío de capilla de música sacra que interpreta coplas de Jesús Nazareno de un compositor del siglo XVIII. También graba a De Profundis, un grupo vocal de la Semana Santa de Sevilla con un trío de capilla y ocho voces graves.

Aficionado al carnaval de Cádiz desde niño, Chemi López ha ido acumulando una colección de vinilos y casetes del género. Se desplaza a la ciudad gaditana con un equipo portátil para grabar en directo los ensayos de comparsas y chirigotas, material que hoy forma parte del catálogo de La Droguería Music como música autóctona del sur.

Cómo elige a sus artistas

Chemi explica que su primer modelo de trabajo consiste en que el artista paga la grabación, se queda con el disco y lo vende él mismo. Hace dos décadas existían entre 10 y 20 tiendas especializadas en flamenco en España, además de un amplio espacio en grandes almacenes, pero hoy esa opción ha desaparecido. El sistema que funciona ahora es la «venta caliente»: el artista comercializa sus discos en las peñas al terminar su actuación, y con ese dinero cubre los costes de la grabación. «Un disco es tu obra, y tienes que generar obra», añade Chemi, quien se opone a la idea del disco como simple tarjeta de visita: sin obra, no hay futuro para el artista, y YouTube o grabaciones de móvil no bastan.

En el segundo modelo, trabaja con artistas que le entusiasman pero carecen de recursos. Chemi busca financiación externa, graba, publica y vende él mismo los discos. Entre sus proyectos hay recopilatorios por los 50 años de peñas flamencas, como las de Puente Genil, Lucena y Fernán Núñez. La peña de Fernán Núñez (provincia de Córdoba) celebró 50 años en 2017 o 2018, y se digitalizaron y limpiaron las grabaciones de sus recitales. La costumbre de la peña es enseñar cante a los socios jóvenes, y parte del recopilatorio incluye cantaores aficionados. Para Chemi, hay que generar el negocio: hace 30 o 40 años bastaba con abrir la persiana, hoy es un negocio por hacer.

El cante después del cante

Portada del libro El cante después del cante. La era acústica 1878-1926, de Chemi López, con un grupo de cantaores y un guitarrista alrededor de un gramófono
Portada de «El cante después del cante. La era acústica (1878-1926)»
Chemi López

El primer volumen de su libro cubre la era acústica (1878-1926) y se publicó hace aproximadamente un año. Chemi López dedicó 15 o 20 años a reunir documentación para investigar cómo se grababa el flamenco al principio, cuando aún no existían las hemerotecas digitales. En aquellas grabaciones antiguas no había productor alguno; la preparación corría a cargo del técnico y el guitarrista. También buscaba fijar el repertorio flamenco. Para ilustrarlo, Chemi López pone este ejemplo: en una tienda de música clásica pueden hallarse unas 30 grabaciones de la Quinta sinfonía de Beethoven, todas basadas en una misma partitura. Por el contrario, se han realizado unas 600 o 700 grabaciones de una soleá atribuida a Joaquín el de la Paula, cantaor de Alcalá de Guadaíra. El origen es incierto y ni siquiera se tiene certeza absoluta de que fuera él su compositor. Se trata de una estrofa de cuatro versos.

Chemi López pudo escuchar en un CD doble editado por el Centro Andaluz de Flamenco hacia 2002 o 2003 las primeras grabaciones en cilindro de cera. Estas grabaciones, realizadas entre 1898 y 1900, reflejan un flamenco muy folclórico y aún sin definir, lo que choca con los libros publicados desde 1950, que ya daban por definido el flamenco a mediados del siglo XIX. El cante anterior a las grabaciones es imposible de escuchar, por lo que solo quedan pistas en partituras y prensa antigua. Solo el cante grabado tiene certeza científica, de ahí el título.

El método de trabajo se basa en rastrear cada grabación hasta su origen documental, un proceso que ilustró con el caso de unos técnicos de la Gramophone Company que grabaron en Madrid en agosto de 1899, algo que documentan los papeles conservados en EMI. La investigación recorre la historia de las discográficas y casas de cilindros para determinar con precisión la fecha de grabación, la fecha de salida al mercado, los técnicos intervinientes, el lugar de la sesión y el repertorio, un recorrido que se extiende hasta 1926, año en el que llega la grabación con micrófono eléctrico. «La adrenalina de encontrar un dato que lo cambia todo es brutal», asegura Chemi.

El libro también aporta datos biográficos nuevos sobre los artistas, como se vio con una cantaora anunciada en 1908 en el catálogo de un sello alemán por su primer apellido, aunque otras veces aparecía bajo la denominación «la Rubia». En esa misma serie del catálogo figuraban unas saetas de la Semana Santa de Sevilla firmadas por una tal «señorita Cervera», cuyo rastro se perdió al buscarla en otros catálogos y libros. El hallazgo llegó a través del archivo genealógico de los mormones, que reveló el nombre completo con los dos apellidos y confirmó que se trataba de la misma cantaora, quien usaba el segundo apellido para despistar y otro nombre artístico, «Gitana la Morena». «La inventora de los seudónimos», la define Chemi, quien reaccionó al descubrimiento dando volteretas por el pasillo de su casa.

El proyecto tiene alcance internacional, con grabaciones en España y toda América (Sur, Centro y Norte), así como en Alemania y Francia (Pathé). Este enfoque resulta útil para cualquier género musical, ya que Chemi ha tenido que estudiar todas las discográficas. El libro incluye fotografías de cantaores y sesiones: un ejemplo de 1912 muestra un cantaor que cantaba y tocaba a la vez, con el técnico en la habitación contigua sobre la matriz de cera. La matriz es el molde de cera que se utilizaba para registrar cada grabación y del que se estampaban los discos, con un número de identificación.

Su enfoque pionero cuestiona la forma en que se han clasificado los estilos, un riesgo del que él mismo era consciente: «me podían cortar la cabeza». Según Julio Navas, esta labor ha sido reconocida con un premio de investigación. Por su parte, el segundo volumen, actualmente en desarrollo, llegará hasta la cinta magnética y los años cincuenta. La llegada de la grabación eléctrica permitió al cantaor alejarse de la bocina, ganando en nitidez gracias a esa mayor distancia. Además, el soporte magnético acabó con la restricción de los tres minutos y quince o veinte segundos: si antes solo cabían tres letras en una soleá, después se pudieron grabar soleares de doce minutos y seguiriyas de veinte.

El estudio

Chemi López en la sala de control, con la consola detrás y su libro sobre la mesa
La sala de control, con su libro sobre la mesa
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Chemi se limita a un equipamiento escaso, centrado en la grabación de guitarra y voz. Un disco de cante puede combinar dos enfoques distintos: en el cante libre (soleá, seguiriya, cantes mineros, fandangos personales y malagueña) se graban simultáneamente la voz y el instrumento; en cambio, los cantes de compás (bulería, alegrías, tangos) siguen una estética más pop, que comienza con una base marcada por la claqueta para luego reemplazar guitarra y voz: después se añaden palmas, percusión o bajo.

El estudio cuenta con tres espacios: dos salas con contacto visual (el cantaor en una, el guitarrista en otra) y la sala de control. En esta última utiliza un previo Avalon, un previo estéreo de ART y una superficie Control 24 (la misma con la que empezó en Barcelona). Dispone de equipo analógico recién llegado, pendiente de arreglo, con el objetivo de grabar en analógico. Para el cante emplea un U87; para la guitarra, un Schoeps CMC6 con cápsula MK4 y un AKG C414. Chemi busca que el sonido provenga de la microfonía, sin aplicar casi ninguna ecualización a voz y guitarra. La guitarra se graba en estéreo para crear un colchón sonoro, con la voz centrada. Usa un micrófono hacia la parte grave de la guitarra y otro hacia el traste 12; en total son tres micrófonos, uno de ellos para la voz.

Sala de grabación con una silla, atriles y micrófonos, con un rótulo sobre la microfonía del cante libre: guitarra en estéreo con un AKG C414 y un Schoeps CMC6 con cápsula MK4, y la voz en el centro
Microfonía para el cante libre: guitarra en estéreo y voz en el centro
Hispasonic

Una seguiriya de El Pele

Chemi López tiene en curso una grabación de El Pele, cantaor de Córdoba y primera figura del cante. Normalmente se graban tres letras por seguiriya. En esta sesión hay dos seguiriyas: una de inicio y otra de cierre. Graba la guitarra en dos pistas (izquierda y derecha) y la voz en otra.

Sesión de Pro Tools con dos pistas de guitarra, una de voz, una auxiliar de reverb y el máster
La sesión de seguiriyas de El Pele en Pro Tools
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Compresión, reverb y máster

Al capturar la voz, Chemi aplica una compresión suave para controlar los picos porque el cante arranca en piano antes de abrirse, sin añadir casi ningún otro proceso salvo un corte de graves y una reverb contenida. Desde los años ochenta, según su opinión, la reverb se volvió excesiva y «kilométrica», y, como afirma Chemi López, «la reverb se convirtió en el quitamiedo de los flamencos». En directo, esta práctica es tan habitual que el cantaor la pide antes de que el técnico haya ajustado las ganancias, con lo que busca un entorno cómodo para interpretar. Un ejemplo claro es Potro de rabia y miel, grabado por Camarón meses antes de su muerte el 2 de julio de 1992; la abundante reverb tapaba el estado de su voz y terminó por convertirse en un modelo para otros discos.

La tendencia reciente en los discos de flamenco es volver a un sonido más cercano y presente, con el oyente dentro del espacio de la grabación. Cada género necesita su propio modelo técnico. Mandar la mezcla y el máster a otros estudios, aunque sean profesionales muy buenos, estandariza el sonido y hace que pierda su carácter; Chemi recuerda la anécdota de un cantaor que no quería volver a un estudio porque su disco sonaba a disco de sevillanas. Critica ese sonido cristalino y cinematográfico, fácil de escuchar pero carente del carácter propio del género. Por ello, Chemi realiza la grabación, mezcla y máster por su cuenta, contra la costumbre de que un técnico grabe y otro mezcle y masterice. Como remate final, confía en Charly: «yo le pongo el balón y él mete la cabeza». No se considera técnico de mastering ni experto en mezcla, sino alguien que sabe qué sonido quiere.

Vinilos y discos de pizarra

Chemi López no entiende la moda del vinilo: se trata de grabaciones digitales que capturan todo el espectro sonoro, pero cuyo formato restringe las frecuencias agudas y graves. Para él, el motivo es vender la imagen y la carpeta a un precio alto.

Tiene una colección de 4.000 discos de pizarra de todos los géneros y unos 18.000 vinilos. En otro espacio, en reforma, prepara muebles para colocarlos y catalogarlos. En cuanto a su papel en el estudio, Chemi concluye: «Esto es un 99 % de psicología y un 1 % de botones».

Chemi López en el estudio, con un rótulo sobre su colección: 4.000 discos de pizarra y unos 18.000 vinilos
La colección de Chemi López: 4.000 discos de pizarra y unos 18.000 vinilos
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EL AUTOR

Cofundador y CEO de Mentes Inquietas, copropietario del estudio We Sound Master y responsable de Fresco Records y Barzelona Publishing Group. En más de 25 años de carrera ha combinado las funciones de productor musical, ingeniero de mezcla/mastering y DJ en proyectos con artistas como David Guetta, Rinocerose, John Acquaviva o Trentemoller.

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