Grabación

Monitores de estudio: ¿sonido agradable o sonido preciso?

Altavoz

(Por Fabio García)

Como músicos o como propietarios de un estudio casero muchas veces nos encontramos ante disyuntivas en el momento de adquirir un nuevo instrumento o equipo para nuestra tarea. En ocasiones buscamos opiniones o consejos, intentando escuchar a usuarios que manifiestan su parecer ante un determinado equipo; pero al fin de cuentas es el propio comprador el que debe decidir utilizando su análisis.

Uno debería preguntarse si está realmente preparado para adquirir un determinado modelo, o mejor dicho, para realizar una evaluación. De no estar preparados, se corre el riesgo de llegar a un veredicto incorrecto.

Después de charlar con usuarios de diferentes modelos de monitores llego a la conclusión de que no existe el monitor de compra obligada para lograr buenas mezclas.

¿Cuál es el mejor?

Los avisos de los fabricantes cuentan las bondades de sus modelos, y muestran gráficos comparativos que señalan el desempeño de sus monitores contra los modelos de la competencia, como si eso asegurara el éxito de un producto.

En cuestión de gustos; ¿tiene sentido intentar explicar a un consumidor por qué razón, por ejemplo, un vino es “mejor” que otro? ¿Tiene sentido intentar explicar por qué un artista es “mejor” que otro? Por supuesto que no.

Cada consumidor decide qué le gusta y no se detiene a pensar por qué, simplemente le gusta. Lo mismo debería suceder con los propietarios de estudios caseros; y digo ‘debería’ porque gran cantidad de personas compran un determinado modelo de monitores porque leyeron una crítica o un reportaje a un ingeniero famoso que alaba el desempeño de un monitor.

Las críticas y reportajes siempre deben ser considerados dentro de un contexto. ¿Cuál es ese contexto? Precisamente, nuestro trabajo, nuestra sala; en definitiva, nuestra propia opinión.

Por motivos de época, no tuve la oportunidad de probar mezclas en los famosos monitores NS-10 de Yamaha, por lo tanto no puedo dar mi subjetivo punto de vista o de audición sobre su desempeño; no obstante mi interés no es criticar a estos monitores NS-10, sino defender al usuario contra los embates de los técnicos que intentan convencerlos de ciertas razones.

Muchos usuarios manifiestan que nunca hubieran utilizado los NS-10 para escuchar música en sus hogares. La referencia hacia un sonido brillante, filoso, molesto, hace que su aplicación como parte de un sistema Hi-Fi no resulte acertada. Sin embargo, casi todos esos usuarios comentan que los NS-10 son/fueron una herramienta muy precisa en el estudio, capaz de indicar con claridad dónde existen puntos de conflicto en una mezcla.

Es muy probable que si los NS-10 hubieran tenido su presentación en el mercado durante estos días, muchos usuarios los habrían descartado inmediatamente haciendo referencias a un sonido filoso. Evidentemente, habrían cometido un error, debido a no aplicar un análisis más detenido.

Sistemas complementarios

Al igual que muchos usuarios, trabajo mis mezclas con dos sistemas de monitores. La mayoría del trabajo se realiza con un sistema 2.1 que me permite conseguir una respuesta confiable en ambos extremos del espectro de frecuencias.

Antes de finalizar la mezcla la escucho en otro sistema que posee altavoces de 8” sin subwoofer, y que se especializa en hacer notar cuando el rango medio se encuentra un tanto exagerado. Es una herramienta ideal para saber, por ejemplo, cuando el tono de las guitarras tiene un sonido nasal. Si sucede eso, vuelvo a la mezcla y ajusto un poco las guitarras.

Se podría preguntar ¿por qué no trabajar directamente con el segundo sistema? La respuesta es sencilla. Sucede que el segundo sistema, aunque dispone de woofers de 8”, no ofrece una respuesta de graves como la que ofrece el primer sistema (gracias a su subwoofer). Por lo tanto, me parece mucho más confiable trabajar la mezcla con el sistema 2.1 y luego probar su comportamiento en el sistema complementario para revisar la respuesta general.

Por supuesto que existen monitores con una respuesta en graves mejor que la que posee mi sistema de 8” pero, en mi caso, esa carencia se compensa con la utilización del sistema 2.1.
El sistema de 8” ofrece un sonido plano, que no resulta atractivo. Si escucho un recital utilizando estos monitores, confieso que el sonido es aburrido y apagado… en definitiva plano. Pero ese no es su trabajo. Su función no es sonar bien, sino decir la verdad.

¿Qué deberíamos buscar en un monitor?

Podemos mencionar que existen monitores para diferentes aplicaciones. Durante la etapa de grabación podemos dejar de lado un tanto la precisión para dar más lugar a la presentación. Por ejemplo, cuando estamos grabando una guitarra y el músico se encuentra presente en la sala de control, el sonido que escucha debería inspirarlo – quizá con un detalle de graves más notorio – en lugar de deprimirlo al notar una diferencia muy marcada con el sonido de su amplificador.

La grabación no presenta problemas de balance. Ante cualquier discrepancia, lo más sencillo es anular cualquier pista que ocasione inconvenientes o molestias para el músico o para el bosquejo de mezcla utilizado para realizar la grabación.

En cambio, durante la mezcla es necesario contar con precisión, con un sistema confiable que le permita al responsable de la mezcla saber que su trabajo se escuchará bien en cualquier medio de reproducción.

Un buen monitor no es necesariamente aquel perteneciente a una determinada marca y que tiene un costo equivalente al de un portaaviones, o uno que se escucha lindo. Un buen monitor es aquel que es capaz de hacernos escuchar qué está sonando mal.

Si sólo creemos que las mezclas se deberían escuchar de manera agradable, estamos equivocados. Necesitamos precisión y balance para que la respuesta en frecuencia que obtenemos sea confiable, y para poder transferir el resultado a cualquier sistema de audición esperando una respuesta adecuada al medio.

En ocasiones el usuario encuentra consuelo o refugio en la idea que expresa que si los CDs que escucha utilizando sus monitores se oyen bien, también le permitirán crear buenas mezclas; al fin de cuentas si esos CDs suenan bien, será posible crear mezclas precisas. Si bien, parte de ese acercamiento podría interpretarse como correcto, lo cierto es que se está dejando de lado un factor muy importante: los CDs comerciales ya están mezclados y masterizados, seguramente por profesionales altamente capacitados, para obtener la mejor respuesta en todo tipo de sistema. En cambio, la música que mezcla un usuario nunca abandonó su sala y por lo tanto podría estar siendo engañado, existiendo muchas posibilidades de error al cambiar de ambiente o sistema de reproducción.

Veamos esto con un ejemplo. Supongamos que estamos escuchando un CD comercial en un determinado sistema de monitores que no posee una respuesta de bajos precisa. Lo que oímos nos agrada, y ofrece una respuesta balanceada. No olvidemos que el CD comercial ya está mezclado y masterizado para lograr la mejor respuesta de acuerdo al sistema utilizado.

Posteriormente, escuchamos nuestra mezcla final y también notamos una respuesta balanceada y un sonido agradable. Podríamos suponer que hemos finalizado el trabajo.
Pero, ¿qué sucede cuando escuchamos el CD comercial y nuestra mezcla, por ejemplo, en un sistema PA? Seguramente, el CD comercial se escuchará con una excelente respuesta de graves, pero en cambio nuestra mezcla se escuchará muy débil, debido a la imprecisa respuesta de graves del sistema de monitoreo original.

La prueba para una mezcla consiste en reproducirla en varios sistemas y que en todos ofrezca una respuesta adecuada. Si la mezcla pasa esa prueba, se puede confiar en los monitores.

No hay que olvidar un elemento fundamental: la sala.

La sala en donde trabajamos destaca ciertas frecuencias y atenúa otras. Su influencia sobre la música es, en cierto modo, similar a la influencia de los monitores.

No obstante, en lo referente a la sala, podemos alterar esa influencia. Agregando determinados materiales o elementos, o en casos más extremos, cambiando la posición de algunas paredes o el ángulo del techo, alteramos la influencia de la sala sobre el audio.

Por supuesto que antes de tomar medidas extremas con la sala se debe hacer un análisis del ambiente. Cada usuario puede adquirir alguno de los paquetes de medición y solución disponibles en la actualidad para lograr ajustar la respuesta de su ambiente de trabajo hasta acercarla a la ideal.

Estos productos combinan grabación empleando micrófonos normalizados, con funciones de análisis de la señal obtenida, aplicando, posteriormente, ecualización de compensación.

Por último…

Aquellos que en algún momento adquirieron monitores de estudio, seguramente buscaron opiniones en foros, sitios de Internet de fabricantes, y preguntando a colegas.

También, seguramente, habrán notado que en muchos casos algunos usuarios recomiendan un monitor, e inmediatamente otros usuarios comentan lo contrario. Hay variedad de monitores, y en consecuencia variedad de opiniones. Lo importante es aprender a decidir por experiencia propia.

Me atrevo a sugerir a quienes están con ganas de cambiar de monitores, especialmente, aquellos usuarios con poca experiencia, a esperar un tiempo y a proceder con un análisis más detenido de la respuesta del sistema actual. Tal vez agregando un subwoofer los resultados serán más acertados.

Es cuestión de no apresurarse a comprar un monitor, simplemente, porque alguien dice que es preciso, acertado, potente y que posee las mejores características. Es probable – y totalmente válido – que para llegar a encontrar el monitor adecuado para cada usuario haya que pasar por algunas etapas intermedias de trabajo con diferentes sistemas. La experiencia que se logra mezclando y mezclando es nuestra mejor amiga para decidir cuál es nuestro mejor monitor.

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