Magacín

Tocar con luz propia. La personalidad del músico

En estos días en los que estoy de viaje, he prestado atención a algo que me ocurre muy a menudo y que quizá a ti también te pase. Me sucede con mucha gente nueva que conozco, que al cruzar un par de palabras con ella me resultan familiares, a veces sólo con verlas pienso: “este es el mismo tipo de persona que fulanito...”. Me recuerdan a otra gente (me refiero al carácter, no al físico), como si estuvieran hechas con el mismo molde (seguro que esto le habrá pasado a otras personas conmigo). Si pienso en ello (al margen de la forma de funcionar de nuestro cerebro, que procura siempre asociar lo nuevo con algo conocido) me da la sensación de que hay mucha gente muy similar, que son pocos los que destacan, aunque de vez en cuando encuentras a alguien que te llama la atención y que no puedes asociarla a otra ya conocida, quizá porque tiene una personalidad propia tan grande que hace que destaque por encima del resto.

Entonces lo extrapolo a la música y compruebo que al escuchar a muchos artistas me ocurre exactamente lo mismo.

Tengo alumnos que sobrevaloran, desde mi punto de vista, el virtuosismo físico de muchos músicos. Esto ocurre prácticamente en cualquier genero, clásico, rock duro, folck, Jazz... Me refiero a esos músicos que tocan a velocidades increíbles o aquellos que realizan movimientos y posiciones de manos “imposibles”. Les digo que el camino a seguir esta claramente trazado y que "únicamente" consiste en dedicarle horas y horas de práctica, el mérito fundamentalmente es ese.

De modo aislado, yo valoro esa destreza de una forma similar a como admiro las virtudes de un buen atleta (insisto, viéndolo de modo aislado). Viendo (y escuchando) esa velocidad casi perfecta, rozando los límites que pueden alcanzar sus dedos, o esa agilidad mental, matemática, a la hora de improvisar y saber colocar cada elemento en el sitio adecuado a tiempo real, me quedo con “aquello otro” que nos hace únicos.

Un día, en el registro de la propiedad intelectual, el funcionario que me atendió me contaba que un músico le había explicado que cualquier pieza puede escribirse en una partitura. Quizá tenga razón y, con las indicaciones adecuadas, cualquier cosa que haya de sonar puede plasmarse sobre el papel (personalmente conservo algunas dudas). Cualquier cosa menos la personalidad del músico que lo interprete (a menos que sean máquinas).

Cualquier compositor sabe las variables de ejecución que dependen del intérprete, por ello a menudo nos encontramos con partituras que se enfrentan al músico como si éste fuera un robot, procurando controlar cada uno de sus movimientos al milímetro, evitando que se encuentre, en algún momento, con el dilema, consciente o subconsciente, de tener que tomar decisiones.

No creáis que digo esto, del todo, en tono peyorativo, en algunas ocasiones y contextos pienso que debe de ser así. En otras, un intérprete creativo y con la intuición desarrollada (con esto se puede nacer pero también se aprende) es capaz de distinguir que partes de la obra son intocables, cuales son elásticas y donde puede poner o quitar. Gracias a eso a veces nos encontramos con versiones de piezas que superan a su concepción original. Por poner un ejemplo subjetivo y personal que conozcamos todos: Disfruto escuchando el Hallelujah de Leonard Cohen pero aún más disfruto la versión de Jeff Buckley. No tenéis porque compartir este ejemplo, por supuesto. Pero seguro que tenéis los vuestros.

Entre las diferencias de las dos versiones, al margen de los arreglos que son muy distintos, se aprecia claramente la personalidad de los dos músicos.

La personalidad forma parte del lenguaje musical. De hecho, para mí es lo más importante en un ejecutante, tanto para que me guste como para que no lo haga, los fallos o patinazos que pueda tener, frente a esto, me parecen secundarios.

Al principio describía a algunos músicos como atletas. Sean atletas o no, algunos son inconfundibles. Sobre cualquier instrumento podemos apreciar la personalidad de un artista. Quizá a los que estamos más acostumbrados a distinguir sea a los guitarristas, por la popularidad del instrumento y el contacto directo que se tienen con las cuerdas. Cualquier fan de (tal cual me vienen aleatoriamente a la cabeza), Brian May, B.B. King, Hendrix, Paco de Lucia, Slash y un larguísimo etcétera, podría distinguirlos, aunque tocaran una pieza que nunca antes han escuchado. Conseguir un sonido mediante la ejecución( al margen del instrumento y efectos) no es fácil, llegar a ese nivel es llegar muy alto.

Podemos tocar un pasaje pentatónico con la guitarra, pero un fraseo pentatónico que suene a Eric Clapton sólo lo hace Clapton. Se le puede imitar pero entonces se convierte en eso, en una imitación, no es lo mismo.

Cualquiera que haya seguido la trayectoria de Leslie Howard distinguirá sus interpretaciones de Listz frente a las que ejecutan otros pianistas.

Volviendo al ejemplo de Clapton, dudo mucho que él lograra de modo consciente forjar su sello de identidad, con el que suena actualmente, además de que su formación se basó íntegramente en imitar a las grandes leyendas del blues, copiando sus obras, estilo y forma de tocar. Pero resulta inevitable, cuando dominas un instrumento, al menos en una de sus modalidades (no le pidas a Eric Clapton que toque flamenco ;) ) acaba transportando tu personalidad, como si las notas que fluyen fueran una extensión de ti mismo.

Dicen que los perros se parecen a sus dueños (o viceversa...), la música se parece a sus músicos, o al menos a una parte de ellos.

Hay artistas que incluso dentro de su género son capaces de crear un subestilo propio: "esto suena a prodigy", y otros, como Carlos Nuñez, que incluso viajando por diferentes estilos no dejan nunca de sonar a si mismos. Algunos como Glen Gould son capaces de interpretar música, tan difícil de personalizar por el intérprete, como la de J.S Bach de una manera inconfundible.

Tu y yo podemos ser muy buenos componiendo o improvisando sobre un estilo, conocemos sus cadencias, armonías, escalas, articulaciones, todos los elementos en definitiva que lo constituyen. Sonar a uno mismo ya son palabras mayores.

Si un ejecutante puede marcar un estilo propio, mucho más lo puede lograr un compositor o un músico que improvisa (que en cierto modo compone a tiempo real). Reconocer que la música es de un determinado autor sin haberla escuchado nunca antes, incluso independientemente del músico o banda que la ejecute, es llegar muy lejos como artista. A menudo, cuando se trabaja por encargo, se precisa ser más “aséptico” en lo personal para lograr un resultado mucho más funcional, esto no es fácil para todos: Ser artesano cuando toca y a la vez ser uno mismo, o hacer lo que te pide el cuerpo, cuando juegas en tu mundo.

Tener personalidad y ser creativo musicalmente no se enseña en las escuelas. Suena a frase hecha pero hay que partir de aquí.

Para aspirar a ello es indispensable dominar aquello que vamos a desarrollar (sea un instrumento o la disciplina de la composición ) dentro del contexto en el que vamos a querer hacerlo (llamemoslo estilo, género, etc.) . Ante esto repetir una vez más que es mucho mejor conocer pocos elementos y saberlos dominar que tener una vasta información y no ser capaces de controlarla. Nuestra capacidad para componer o tocar debe ser como caminar, no nos paramos a pensar en que primero adelantamos una pierna y luego la otra (a menos que estemos experimentando una nueva forma de andar, creo que se entiende el paralelismo.)

Por otro lado, y perdonad porque esta es otra frase hecha, hemos de pensar por nosotros mismos, a todos los niveles. Un músico creativo, no sólo lo es en la música, lo es a diario en todas las cosas de la vida. Un tipo con imaginación conservará esa imaginación en cualquier tarea que practique.

Alguien que no tiene una personalidad propia desarrollada no podrá hacer música con identidad propia.

Para sonar diferente hay que ser diferente (siempre en positivo a poder ser :) ).

Como en otras ocasiones, he hablado de un tema que tiene una dimensión inmensa y que por supuesto no he tratado en su totalidad, no es mi objetivo ni mi capacidad, ni mucho menos.

En definitiva es un artículo que pretende hacer pensar y que me gustaría que lo continuarais vosotros con vuestras ideas, o con vuestra propia versión del tema.

Juan Ramos

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