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Roland E-5 (1991)

Opiniones de usuario (1)

  • Soyuz MOD
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    Opinión de Soyuz el 20/10/2020

    Lo mejor: Valor sentimental... para los que lo tuvimos

    Lo peor: Sonidos desfasados, sólo 4 partes, nulo sentido en un setup actual

    Cuando uno cuenta sus inicios con los sintetizadores tiende a ser un tanto romántico. Algunos realmente pueden permitírselo, ya que empezaron en la época dorada (quizá con algún Juno, CS, Jupiter o MS). Pero a los que empezamos a primeros de los 90 nos pilló el dominio de lo digital, aún primitivo como era. Si a eso le unimos, en mi caso, que me faltaban años para independizarme, pues simplemente aprovechas lo que hay por casa... sin mucho margen para el romanticismo.

    En la ficha del Korg DW-6000 dije que ese fue mi primer contacto con la síntesis, y no es mentira: fue el primer sintetizador puro que entró por mi puerta, y aquellos pads y efectos me fascinaron. Al menos era un sinte híbrido, y podía sonar muy electrónico; pero la pura verdad es que ese Korg voló pronto (era prestado), y mi auténtico fogueo llegaría con el Roland E-5, un teclado de autoacompañamiento de gama relativamente económica con síntesis LA que compró mi padre para hacer sus composiciones en casa. Ya sabéis, tarjeta de expansión TN-SC1 con ritmo "pasodoble", botón start, algún fill in y vamos terminando.

    En fin: aquello estaba muy lejos de mis preferencias por Depeche Mode, pero no tardé en descubrir que sus cuatro partes + una de ritmos (Upper, Lower, Accomp, Bass y Drums) se correspondían con cuatro canales MIDI que podía controlar desde mi PC con Voyetra Orchestrator. Así que, cuando el aparato se quedaba solo, le sacaba todo el partido que podía.

    En aquel momento, sus sonidos me parecían sorprendentemente realistas, aunque todo era síntesis LA y no había sonido de piano acústico. Por supuesto, hoy suenan desfasados. En todo caso, el único efecto de reverb disimulaba un poco las carencias, y aquello funcionaba dignamente. Además, para mis oídos de la época, su sonido de arpa daba el pego para imitar a Ray Lynch, y algunos pads y cuerdas servían para aventurarse en el New Age. A mí desde luego me bastaba, porque guardo los mejores recuerdos de aquellos primeros pinitos. También tuvo el mérito de despertar mi curiosidad por la tecnología musical, queriendo ir a más.

    El aparato en sí no tiene apenas valor en el mercado de segunda mano, y tampoco abunda. Pero para mí personalmente, este teclado significa algo, y si algún día se cruza en mi camino por unos eurillos (o quizá el RA-50, versión en módulo del E-20, el hermano mayor del E-5), lo enviaré a mi particular museo de la nostalgia, que ya acumula varios estantes, y lo haré sonar con aquellos viejos midifiles del Cakewalk que aún conservo.