¡Bolos de verano con Mackie! Cuéntanos tu anécdota y gana un equipo Mackie

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Kelito
por hace 3 semanas
Vamos mis amigos y yo a un evento de micro libre donde llegamos temprano y nos inscribimos, pasan 2 horas y no llega nuestro turno, luego vemos que otros que llegaron después ya están cantando, entonces vamos a encarar al organizador y dice que justo ahora nos toca a nosotros y cuando nos presentamos al final decimos que toda la organización está mal (para no decir algo peor) y entonces todos miran mal (estando en un barrio peligroso) y nos aconsejan que nos fueramos haha y ya uwu
Peterkas
por hace 3 semanas
Teníamos un bolo en una fiesta privada y llegaron primero el batería y un guitarra. Estábamos llegando el resto del grupo a una hora del bolo y a 50 km del local y nos llama el batería para preguntarnos si estábamos cerca... Se le había olvidado el pedal del bombo. Se acercó al pueblo más cercano y se suponía que había una tienda de música... Pero era online y era la dirección fiscal. El dueño por teléfono  nos indico que preguntaremos en la escuela de música del pueblo. Tenían varios pedales pero todos en mal estado pero entre todos se pudo montar uno usable que nos dejaron sin conocernos. Es fantástico saber que queda gente buena y desinteresada. 
superlimon
por hace 3 semanas
Hace 2 o 3 veranos en Madrid. Bolo de rap + guitarras + piano. Se jodiò el inalámbrico y lo arreglamos con cable de 220v (no fue la primera vez jajaja) el puntazo fue preguntar dónde estábamos : En Pinto. Y mañana donde? En Valdemoro….. La llamada a mi mujer fue : estoy entre Pinto y Valdemoro. 
maximo II
por hace 3 semanas
Todo ocurrió en un hotel de lujo en mitad de la montaña. Tocaba la percusión (y lo que hiciera falta) en una banda de flamenco, jazz, bossa…  temas nuestros y versiones… Era un cumpleaños…de una princesa belga…o algo así…

Nos instalaron un pequeño escenario al lado de una piscina, a ras del suelo, y montamos el equipo. Era primera hora de la tarde y sólo estábamos el servicio, las empresas de catering…y nosotros fumando canutos al lado de la piscina mientras tocábamos (probando sonido). Los que bebían no lo hacían hasta después del (o durante el) evento… siempre así… para controlar un poco el asunto… pero fumar, si se podía…todo y más…

Era una situación algo kafkiana, porque nosotros íbamos vestidos de calle mientras todo lo que nos rodeaba era lujo y estética refinada, camareros distinguidos que nos traían jamón, champán…hasta les costó encontrar una coca cola (varias) para mí, el más humilde de todos, con mi camiseta de Anthrax la cual rezaba “I´m the man”, mis chancletas de verano, mis bermudas tropicales… y un tostao considerable camuflado tras unas improvisadas gafas de sol…

En algún momento alguien del servicio nos recomendó el ir a un lugar a cambiarnos de ropa, la cual nos tuvieron que prestar, porque la mayoría de nosotros, salvo la cantante, iba con lo puesto. Y nos disfrazamos de aquello.

El caso es que estuvimos allí, en la piscina (al hotel no entramos ni a mear), más de dos horas, tocando…fumando…probando el equipo…hasta que empezaron a llegar coches de lujo e imponentes furgonetas…claro, como no podía ser de otra manera… Allí se respiraba un aire de ostentación y sibaritismo que bien pudiera parecerse a Mónaco o a un Principado italiano… allí, en mitad de la nada… Se fue llenando aquello de todo tipo de ruiseñores, damiselas y un sinfín de refinados cortesanos ataviados con las mejores prendas de cada casa. Hasta los cuidados y floridos jardines que nos rodeaban palidecían ante tal derroche de suntuosidad y magnificencia exuberante.

Nosotros a un lado de la piscina, el regimiento de nobles patricios e ilustres personajes hablando de sus cosas al otro. Dos mundos irreconciliables a los que sólo les separaban las mansas aguas de una formidable piscina de estética clásica.  El tiempo iba pasando y no paraban de llegar deportivos, furgonetas, autocares… “Debe ser importante la princesa ésa” pensé…mientras comíamos jamón, bebíamos comedidamente y fumábamos con cierta…digamos…delicadeza y disimulo.

De repente alguien dio una orden y todo el mundo se dispuso a salir a la terraza principal que presidia la monumental piscina rodeada de estatuas de ídolos y deidades de otras épocas, justo, exactamente, frente a nuestra asistida y pulimentada presencia, la cual miraba la escena con cierto estupor desde la otra orilla… Tan cerca de lo obvio…tan lejos de lo común… Era nuestro turno. Nos retiraron el catering y lo sustituyeron por un ajuar de agua mineral sobre unas mesas ataviadas de pulcro blanco, docenas de botellas de plástico que certificaban nuestro dócil y prosaico linaje.

Comenzamos la velada, como no podía ser de otra manera, con algo lento, algunas bossa-novas tradicionales y alguna que otra balada de cosecha propia. Ni nos miraban ni nos oían, la rutina de alta alcurnia seguía siendo la protagonista de la ya recién estrenada noche. Algunos, los más osados, empezaron a bailar cortejando a sus acompañantes, y saliéndose del protocolo establecido iban rodeando la piscina hasta acercarse al espontáneo escenario, lo suficiente para embriagarnos con sus fragancias y perfumes almizclados de ensueño. De vez en cuando alguien nos miraba extrañado como el que busca desesperadamente un excusado ante una intempestiva e imprevista necesidad fisiológica. La velada transcurría apacible mientras nuestro eterno repertorio iba sonando pieza a pieza sin aplauso, loa, atención manifiesta u otra cosa que no fuera la indiferencia más absoluta.

Entonces, entre sonata y tostón, alguien se acercó a nosotros a pedirnos…un micrófono. Quería anunciar algo. Bien sabe Dios que no entendí ni una sola palabra de aquello, pues mis dotes lingüísticas no abarcan más allá de los Pirineos, y mis orejas no entienden nada que mi boca no sepa pronunciar,… salvo el nombre y título de la afortunada,… los cuales, sinceramente, no recuerdo…

Y una gran luz se abrió paso a través de aquel gentío inmaculado para alumbrar a la emperifollada más bella de toda la gala, envuelta en un enjambre de ninfas célibes que auguraban el devenir de la contienda. La corte rindió homenaje a su princesa y entre aplausos, los mismos que nos habían negado sólo unos instantes antes, y vítores que les hacían más humanos de lo que aparentaban, alguien nos sugirió que tocáramos algo con más ritmo… pues el mocerío había hecho acto de presencia y tomaba el relevo a la vetusta concurrencia anterior.

Ni cortos ni perezosos, y sin previo aviso más que el de unos acordes improvisados en el momento por uno de los guitarristas, comenzamos a tocar el “volando voy, volando vengo”… lo recuerdo perfectamente porque, aunque a esas horas iba bastante perjudicado después de toda la tarde al sol fumando sin parar, lo tocamos más deprisa de lo habitual y me costaba salir al paso. Posiblemente esa repentina aceleración del tempo en la “intro” por mi compadre fuera debida a los nervios que impone el ver a todo un presunto Duque rogándote algo.

La cosa cambió, y vaya que si cambió… lo dimos todo… por fin estábamos en nuestra salsa…y eso era algo tan evidente como imposible obviar… Aquella mansedumbre del decoro dejó paso al desenfreno. Muchos abandonaron el lugar, otros se fueron hacia el interior del tranquilo hotel buscando sosiego y, como no, para no atestiguar ni aguar las intenciones de la impronta juvenil. Los figurines, poco a poco, comenzaron a despojarse de sus sofisticados disfraces mientras íbamos desnudándoles con todo nuestro prontuario más chusco y cañí… Querían fiesta… y la iban a tener.

La gente, una vez dignos de denominarse así, empezaron a tirarse a la piscina con la poca ropa que les quedaba… hasta que, desde el escenario, se vislumbraba más piel que seda. Iban y venían, bailaban, bebían… e invadieron nuestro sagrado espacio invitándonos a abandonar nuestro redil para unirnos a la bacanal… salimos en tropel guitarras en mano, dando palmas, cantando los Chunguitos… mientras nos despojaban de la poca ropa e instrumentos que llevábamos… uno por allí haciendo aguadillas a un futuro Jefe de Estado… otro por allá persiguiendo a una inminente Reina…  compartimos el sudor e incluso los baños… hasta tal punto que no recuerdo, ni puedo decir, nada más, nada reseñable, salvo un beso que me dio aquella princesa (y otras)… y no sé si algo más…(y de acordarme no lo narraría aquí) … 

Siempre me pregunto si… quién sabe… el próximo heredero a la corona de Ruthenfaüer sea un vástago mío.
Belmon-T
por hace 3 semanas
Estábamos tocando en una comunión, la gente lo estaba dando todo, sobre todo el padre del niño que fue quien nos contrató. Era bastante personaje pero había un buen ambiente en general. El caso es que pasado un poco más de mitad de concierto pues el hombre ya se había cansado y no estaba en la zona de bolo. La gente no lo hecho en falta y nosotros pues tampoco. Terminamos, recogemos y toca la hora de ir a cobrar. Empezamos a buscar al hombre y nada, le preguntamos a su mujer y nada. Estaba desaparecido, nosotros nos decíamos "mira el joio, se habrá ido a casa para no pagar..."

Empezamos a cargar la furgoneta, estaba en una zona más alejada del salón donde tocamos. Y muchos de los niños de la comunión se ofrecieron a ayudarnos a llevar las cosas.
Hacemos el primer viaje, íbamos 3 compañeros del grupo y unos 7 niños, incluido el de la comunión. Metemos las cosas en la furgoneta y al volver, uno de ellos se fija en una especie de habitación pequeña rollo cuarto de escobas, tenía la puerta un poco abierta. 
Llega el niño, abre la puerta y tachán... Estaba el padre en el suelo, rodeado por un charco bastante importante de vómitos, orina, y restos de heces. Estaba lleno de mierda desde la cabeza a los pies.
El crío empieza a gritar y total que se avisa a su mujer que viene corriendo, el hijo, los familiares... El hombre no respondía mucho aunque intentaba balbucear algo. 
Imagina el percal que había que acabaron llamando a la ambulancia y nosotros ayudando a cogerlo del suelo todo lleno de mierda para que se lo llevaran al hospital.

A día de hoy, ya han pasado unos años, hemos vuelto a coincidir con él, es un tío de puta madre, viene a muchos conciertos que hacemos en bares de la zona. Nos miramos, nos mira, nos reímos, se parte la caja... Incluso nos volvió a contratar para otro evento familiar, esta vez con toda la familia controlándolo para que no se le fuera de las manos.
Perikodif
por hace 3 semanas
#1 Yo era el técnico de una orquesta y compartiamos escenario pero no equipo con Loquillo, hicimos nuestra prueba y todo bien, cuando estaba probando la banda de Loquillo se les rompió un monitor pero nosotros nos fuimos a comer.

Primero tocó Loquillo, ellos recogieron escenario y después empezamos nosotros, el batería se quejaba de que no escuchaba nada en su monitor, pero la prueba fue bien, así que subí al escenario y efectivamente el monitor no sonaba, pero mi sorpresa fue cuando vi unos cables que asomaban por la rejilla del monitor. Se ve que "alguien" se entretuvo en desatornillar la rejilla, extraer el altavoz de 12" y volver a atornillar la rejilla. 
Un plan maestro que funciono a la perfección, el batería se enfado porque el monitor era suyo pero la verdad es yo a día de hoy aún me rio al imaginar esos cables asomando por la rejilla del monitor.  
El Rubio de Antiarte
por hace 2 semanas
Teníamos un concierto en las fiestas de San Juan Bautista, según hacemos la prueba de sonido por la tarde, vemos que se acercan unas nubes que amenazaban lluvia, como yo vivía cerca me acerqué a mi casa a por un plástico grande por si acaso nos caía, el caso es que nosotros éramos los que cerrábamos el día y tocaron todos los grupos anteriores con la amenazante lluvia pero no les llovió, en cuanto subímos al escenario y empezamos a tocar cayeron las primeras gotas con el olor intenso a ozono y la gente empezó a apartarse hacia sitios con algo en sus cabezas, nuestro bajista y el otro guitarrista dejaron de tocar y huyeron, el batería cogió el plástico y tapó la batería y mi ampli, yo puse una silla encima de mis pedales y como llevaba un sombrero de ala ancha,incliné un poco la cabeza hacia adelante para tapar la guitarra con el sombrero, encendí el looper que llevaba y empezé a tocar un loop y a puntear con el whammy y delay a lo loco, de pronto empieza a sonar la batería y al darme la vuelta veo que está metido debajo del plástico tocando, yo seguí improvisando cosas paranoicas de Led Zeppelin, y rayaduras varias, de pronto como aguantamos en la lluvia, la gente se empezo a acercar sin importarles la lluvia, estuvimos como 15-20 minutos tocando hasta que dejó de llover, de pronto se acerca el técnico y me dice -Oye, que no tenemos toma de tierra- Glup tragué saliva y pensé, si no me he electrocutado pues sigo. 
Dejó de llover se subieron los otros integrantes del grupo, encadenamos las improvisaciones con el estribillo de la canción que tocabamos antes de la lluvia, y el público se volvió loco y acabamos el concierto con grandes ovaciones. Estoy seguro que si no llegamos a aguantar el batería y yo, habrían suspendido el concierto.
JESUS
por hace 2 semanas
#1   Nuestra anécdota más loca de un bolo de verano ocurrió en plena autovía A-3.

Íbamos de un concierto a otro, con la furgoneta cargada hasta arriba, cuando nos pilló uno de esos atascos monumentales en los que sabes perfectamente que no vas a moverte en mucho rato.

Así que pensamos: si no podemos llegar al escenario, montamos el escenario aquí.

Dicho y hecho.

Sacamos un ampli, lo conectamos al mechero de la furgoneta, nos subimos encima del techo y empezamos a tocar.

Al principio la gente miraba como diciendo: “estos están mal de la cabeza”.

A los pocos minutos teníamos público alrededor del furgón, gente cantando con nosotros, móviles grabando, cervezas que nos ofrecían desde los coches y un atasco convertido en verbena improvisada.

Lo que empezó como una gamberrada para matar el tiempo acabó haciéndose viral. Salimos en las noticias de Antena 3 y en varios periódicos. Tenemos el vídeo y recortes de prensa para demostrar que no fue una leyenda de carretera.

No sé si fue el bolo más profesional de nuestra vida, pero probablemente sí el más surrealista: sin escenario, sin enchufes, sin camerino, con el público atrapado en la autovía y nosotros tocando encima de una furgoneta.

Eso sí: si hubiéramos tenido un equipo portátil como el Mackie Thump GO, habríamos sonado bastante mejor.
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