Si dividimos la sociedad en 3 partes según un criterio de "desesperación" ante la crisis, el resultado sería el siguiente:
-1/3 están en efecto
desesperados y dispuestos a apoyar cualquier acción que signifique plante o ruptura, porque ya no tienen nada que perder y consideran que cualquier cosa que venga no puede ser peor que lo que ahora tienen, que ha llegado el momento de levantarse y luchar por sus derechos presentes y futuros, conquistados a sangre y fuego durante generaciones. Son los parados de larga duración, gente sin ingresos o ingresos muy bajos, los hipotecados que pueden perder y que probáblemente pierdan su casa, etc. Representan
el ejercito industrial de reserva al que se refería Marx, esa parte de la población que resulta excedentaria como fuerza de trabajo respecto a las necesidades de la acumulación del capital.
-1/3
Continuístas. No les afecta en absoluto la crisis, sus vidas transcurren igual o incluso mejor ahora que antes, y quieren que todo siga así porque creen que con un cambio brusco no tienen nada que ganar, y que en cambio solo podrían perder. Si el sistema les trata bien a ellos y a los suyos ¿porqué cambiarlo? Con frecuencia son clases alta y media-alta, que incluye asalariados con trabajos bien remunerados y razonablemente seguros, altos funcionarios, profesionales muy cualificados, etc, pero también gente de cualquier estrato social con
alto perfil RWA, que simplemente no pueden concebir que el gobierno o el sistema puedan actuar erróneamente.
-1/3 de gente,
afectados por la crisis pero que no ha llegado ni de lejos a un punto de desesperación. Este grupo, quizá más numeroso que los otros dos, es la madre del cordero en mi opinión, y a la que va dirigida fundamentalmente la propaganda y el miedo institucional. Son gente que en algunos casos incluso reproduzca de boquilla el discurso del primer grupo, o que incluso acuda puntualmente a las manifestaciones del 15-M, pero que en realidad actua con gran temor de pasar a engrosar las filas del inem (razón por la cual tampoco se suman a las convocatorias de huelga, por estar bajo amenaza de despido permanentemente). Incluiría trabajadores temporales, indefinidos y autónomos cuyos contratos o negocios todavía aguantan el envite de la crisis, jubilados con pensiones medias, y funcionarios: todos con ingresos que no están dispuestos a arriesgar por nada ni por nadie.
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