Y el martes pasado comparezco por tercera vez en el citado juzgado de Julián Camarillo.
La misma abundancia de testigos, la misma multitud de municipales y nacionales, alguno con cresta (no se a quén enhañan si pretenden pasar por delincuentes con esa carita de opositores.
Le pregunto a la oficiala, o auxiliar, "¿Se va a celebrar esta vez?".
Sí, esté tranquilo, que esta vez sí.
Un buen rato de espera, yo discutiendo con alguno que si el mixer o el render o la lactancia de la interfaz, gracias a la versión Web de Hispasonic. Había mucho letrado, todos enfundados en el traje togado negro con falda plisada, todos como si tal cosa, lo normal en gente que va todos los días a un juicio, así sea por un parricidio, que si la mayor mía sale con un chico alguna abogada, que si en Aurgi los neumáticos son rumanos he leído en forocoches, algún abogado.
En frente había una señora aseada; pero ruda, se veía que no era de mi barrio o del barrio de Salamanca o del Viso, asu lado dos chicas jóvenes serias, con coleta pero rapadas y con piercings, barriales; pero con algún encanto todavía, hablaban con el abogado (apuesto que de oficio) que les decía: a su hijo, señora, le van a caer como mínimo seis años, a mí eso me impresionó, seis años es una carrera de escuela técnica superior, a año por curso...
Pero , al rato, y las señora y sus dos hijas estaban sendas justo a mi costado, pasa un tío de unos treinta algún años, no un niño , esposado precedido y sucedido por una y un guardia civil, recién traído en furgón desde alguna prisión, mirada fija y cara de talego, sin duda.
la mujer rompió en sollozos, en llanto de madre, destrozada por la suerte de su hijo, seguro que con poca suerte en la vida, temblando al saber que a su hijo le iba a caer una buena condena. Las hijas, una con los ojos humedecidos también la consolaba.
No voy a contar que sintiera compasión o simpatía; pero, entre el algo habrá hecho, y el previsible delito que me perjudicó, y la indecencia del espectáculo del reo conducido como en el medievo, había un espacio mío que seguía rechazando aquel acto público.
Luego salió una fiscal joven, que denotaba (al menos todavía) poca o ninguna prepotencia judicial y a mí, que me gusta hacer de juez, abogado y verdugo, ver los pros y los contras, las luces y las sombras, se me apreció la imagen de los miembros de la judicatura tambien teniendo que hacer de tripas corazón, no ya contemporizando, aislándose de lo real, de lo humano, de lo cotidiano.
Pero, las subalternas insistían con su arenga cotidiana, a lo médico de familia, aquella serie que tanto daño ha hecho en el trato en los consultorios a los enfermos, sobre todo los viejos como a colegas, o niños tontos, no me hace los ejercicios Don Ramón... (chechuuuu).
Y una va y empieza a tutear al concurrencia en un definitivo acto de simpatía populista simpática.
-"Señora, Esto es un juzgado del Reino de España..." (me jode tener que decirlo; pero es que de momento, es lo que somos, un reino; parlamentario; pero reino),"... o una conversación de whatsapps de grupo de madres del colegio o con uno de los chavales que me llaman para interesarse por el móvil que anuncio en Milanuncios?, por favor, rigurosamente de usted".
Al final, la otra que era más ceremoniosa y más digna, empezó a repartir boletos a testigos y policías, vd puede irse, y vd también, y, llegado a mí, vd también.
-Quiero que me lo documente, no me fío de ustedes, ¿así instruyen los sumarios...?
Le puedo dar un justificante, si quiere, claro.
¿Para qué me habían convocado, si no hacía falta?, ¿qué clase de chapuzas se cometen en el Reino de España?, ¿en dónde está la cordura y en dónde la decencia?
Tiene que haber de todo; pero yo no sería ni policía, ni juez, ni funcionario de justicia, y, mucho menos, delincuente.
Antes músico, y, hasta produstor.
(fin del relato de las tres sesiones del juicio).
Como ves, si has leído esto Patricio, sangre no hubo, indignación, chapuza y dolor no faltaron.