Un buen artículo del investigador del CSIC Antonio Turiel en su blog, como viene siendo habitual, sobre el rescate de España:
"Alguien" escribió:
El fondo del pozo
Queridos lectores,
En fin, tenía otros planes de publicación, pero dados los eventos que han sucedido durante el fin de semana me ha parecido una frivolidad publicar el post que tengo preparado, y creo que merece la pena que dedique unas pocas letras al mal llamado rescate financiero de España.
Las líneas generales de la acontecido las conocen ya: el sábado hubo una teleconferencia del denominado Eurogrupo (ministros de Economía y Finanzas de la zona euro) y se decidió concederle a España un crédito de 100.000 millones de euros para que pueda refinanciar a sus bancos. Tal radical medida (la cantidad equivale al 10% del PIB oficial de España) es un bombazo a la línea de flotación a las expectativas sobre la economía española, por más que se pretenda hacer creer lo contrario. Desde el momento en que se ha anunciado el rescate, el Gobierno ha intentado transmitir una imagen de serenidad incompatible con los hechos, y en el proceso ha cometido omisiones y dicho directamente algunas mentiras que sin duda le acabarán pasando un pesada factura.
Lo primero que hay que entender es que este rescate no es un regalo, sino un crédito; un crédito que se tendrá que devolver con intereses y en unos plazos. En cuanto al interés y los plazos, no los conocemos porque el ministro de Economía, Sr. de Guindos, no ha encontrado oportuno explicitarlos. Ya nos iremos enterando.
En segundo lugar, el Gobierno, por boca del Sr. de Guindos, ha intentado transmitir el mensaje de que este crédito no se hace al Estado español sino a los bancos españoles, y que por tanto no supondrá ninguna carga para el Estado y no conllevará ajustes macroeconómicos para el Estado. Esto es directamente falso. Una pequeña cuestión de orden primero: si el crédito fuera directamente para los bancos (entidades privadas, no lo olvidemos), ¿por qué no han sido ellos, mediante algún representante escogido, quienes negociasen con el Eurogrupo (España en él incluída)? La realidad es más simple: es España la que solicita el dinero, que vendrá del Fondo Europeo para la Estabilización Financiera, y España, a través del equivalente nacional (FROB, Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria) financiará a los bancos. En suma, el Estado español asume la responsabilidad de reestructurar su sistema financiero y lo hace asumiendo las cargas que de ello se deriven. En particular, Bruselas ya ha dejado claro que España estará sometida a una estricta vigilancia, y que la disponibilidad del dinero depende completamente de que España cumpla con los objetivos de déficit público. Al principio el Gobierno hará artificios contables para que no se contabilicen estas partidas en el déficit, pero finalmente de uno u otro modo tendrán que aflorar, y no son precisamente pequeñas. Se debe recordar que el objetivo de déficit para este año es del 5,3% del PIB; sin embargo, este préstamo supone un endeudamiento del 10% del PIB. Si el crédito es a 20 años a un interés del 3% (por decir algo) cada año España tendrá que pagar unos 7.500 millones de euros (0,75% del PIB) para ir devolviendo el crédito; si se le admite pagar sólo los intereses hasta cumplir los 20 años entonces cada año España pagará 3.000 millones (0,3% del PIB) pero el vigésimo año tendrá que devolver, además, los 100.000 millones del préstamo. Teóricamente serán los bancos, entonces saneados, los que deberían cubrir estos gastos, pero todos sabemos que eso es simplemente imposible, y que cuando estas entidades sean troceadas y vendidas a bancos extranjeros éstos no asumirán ninguna deuda ni compromiso (so pena de no comprar).
¿Qué implica todo esto? Que España se ha cargado con una losa, un aumento de su deuda del 10% de su PIB que se acabará convirtiendo con los intereses en un 15-16%. Encima, para poder seguir accediendo a este mecanismo de financiación tan oneroso tendrá que recortar y recortar su déficit con los únicos mecanismos que tiene a su alcance: subiendo impuestos, bajando salarios, reduciendo pensiones y deteniendo la obra pública. Todo lo cual agravará la situación económica, con lo que será aún más difícil recaudar impuestos y la situación financiera se deteriorará aún más. Al mismo tiempo, el mercado financiero mundial desconfiará más de España y el interés de la deuda pública subirá y subirá hasta quebrar las finanzas del Estado. No se confundan con el espejismo de esta semana que comienza (la bolsa sube, el interés de la deuda española baja); en el largo plazo el camino que seguirá forzosamente España es el del deterioro imparable de sus finanzas. Sólo tienen que ver qué ha pasado en Grecia, Irlanda y Portugal, y lo que está pasando con Italia.
Y mientras, ¿qué hace el Presidente del Gobierno? Pues se va volando a Polonia a ver el primer partido de la selección española de fútbol en el campeonato continental de este año. Como si intentando asociarse a un evento quizá positivo (España es la vigente campeona de Europa y del Mundo) se pudiera camuflar el oprobio del rescate. Pero España empató ayer con Italia en su debut en la Eurocopa. Todo un mensaje simbólico sobre la liga que realmente estamos jugando.
La intervención relativa a la que ahora está sometida España, con una cierta renuncia a su soberanía (al menos en materia fiscal) no debe confundirse con una mejora de la gestión y una medida eficaz. El posible hundimiento del actual Gobierno y su eventual sustitución por otro del signo opuesto, y en el más largo plazo por uno tecnocrático, no son tampoco noticias positivas. Porque no tenemos que olvidar que el Fondo Monetario Internacional (uno de los sponsors del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) no es una ONG benéfica, sino el cobrador del frac. Por supuesto que el modelo de gestión que esta gente impondría sería el más eficaz; el más eficaz para los intereses a los que realmente responden, los de sus jefes, que lo único que pretenden es que la deuda sea devuelta a cualquier coste. Aunque eso suponga ir desmantelando la economía del país. La situación es un tanto análoga a la de aquel panadero de comienzos del siglo XX en Nueva York, el cual comete el error de pedirle prestado dinero al mafioso de turno. Cuando la situación se hace más apurada le vuelve a pedir dinero y el mafioso se lo da, pero a cambio de colocar un hombre de confianza en el negocio. Inexplicablemente todo va a peor, el pobre panadero se va teniendo que vender (a través de varios intermediarios todo acaba en manos del mafioso) las amasadoras, los moldes, los hornos... hasta que al final el mafioso, en un alarde de generosidad, le perdona la deuda a cambio de su negocio.
Ya comentamos aquí cuáles son las fases del colapso. Por si no lo han notado, España está acabando la fase primera del colapso, el colapso financiero. A partir de ahora nuestro camino lógico es el del colapso comercial, pues cada vez seremos un cliente menos de fiar. Fíjense en el caso de Grecia, que ya ni el internacionalmente repudiado Irán le quiere vender petróleo por culpa de las facturas impagadas. Es un paso más hacia la Gran Exclusión, en este caso por países (nosotros llegaremos allí más rápido que Alemania).
Éste es el camino que estamos transitando. No es el único camino ni es necesario seguirlo, pero es lo que hemos estado haciendo hasta ahora. Es hora de comprender que por aquí no vamos a ningún sitio donde queramos estar. Este pozo no tiene fondo. Es el momento de plantearse si no es mejor cambiar la dirección de nuestros pasos.
Salu2,
AMT