La visión sesgada, episódica, fugaz, y, en este caso, particular, del bueno de Jamie Oliver, de Andalucía y la comida española, le falta al chico de Essex darse una vuelta por otras regiones y también profundizar en lo andaluz. Le he visto muchas veces, es un tío bien simpático, un gran cocinero, con agallas cuando cocina (lo que me falta a mí, en eso y en tantas otras cosas), es un fan de la cocina italiana, donde le he visto imbuirse en la cocina auténtica toscana (no en la finolis de Firence), o en los Abruzzi; pero con referencia a España ya le había escuchado alguna desaprobación, quizás para diferenciarla de la italiana (en los aceites quizás, que en italia son más suaves, más almendrados), o porque hay una parte fritanguera y aberroncha que a mí me parece que existe aquí.
Debería ver cómo nos las gastamos en el norte, con qué clase de verduras trabajamos, qué clase de melocotones podrá comer del árbol en la Rioja, o que finura conviviendo con rotundidad encontraría en Guipuzcoa, o así...
En este divertido periplo, se inventa una ensalada de tomate con chorizo que a ningún conocedor se le ocurriría; está rica, es
jamieoliveriana; pero es solecismo, igual que esa visión tan excesivamente mediterránea de la dorada a la sal o esa ensalada de pepino con pimientos de piquillo, o el ali oli con azafran, que, por lo menos y ajeno a la manera habitual española con huevo, está hecho con mortero a mano.
Estará rico; pero es solecismo puro, la cocina está hecha con desparpajo y a
puñaós, no con chorradas; pero no es nada ortodoxa, debes conocer más España, Jamie, vete a donde David, Robin Food, otro cocinero simpático y dispuesto a guarrindongadas.
Hay paella en el reportaje, una de las terribles para quinientos, por Ronda o así, vete a Valencia, que también hay buen aeropuerto, aunque no se vea Gibraltar.
Merece la pena verlo entero: