Brian Eno, Steven Johnson y las ideas

Aditya Chakrabortty

¿De dónde vienen las buenas ideas? Una forma de averiguarlo es preguntarle a alguien que ha tenido muchas. Por eso me permito solicitar una sombría tarde de noviembre una audiencia con Brian Peter George St John le Baptiste de la Salle Eno, Brian Eno para los amigos.

brian eno

Para el resto de nosotros, se trata del hombre que se describía a sí mismo como no músico mientras inventaba la música ambient o practicaba el terrorismo musical con sintetizadores en Roxy Music vistiendo más plumas que Pat Butcher. Esta noche, sin embargo, Eno parece todo un profesor del pop, vistiendo una elegante chaqueta de terciopelo color chocolate. Aunque no puede disimular ser el tipo de tío que la arma cada vez que entra a un estudio. Con él está Steven Johnson, escritor norteamericano sobre temas tecnológicos cuyos libros rebosan referencias culturales pop, algo de controversia y un optimismo liberal que le hacen perfectamente citable. Es experto en títulos llamativos y sus posteriores cláusulas explicatorias, y sirva como ejemplo su último libro titulado nada menos The Invention of Air: An Experiment, a Journey, a New Country and the Amazing Force of Scientific Discovery. Cuenta la historia de cómo Joseph Priestley, científico del siglo XVIII residente en Leeds que descubrió el oxígeno y, según Johnson, el paradigma de los innovadores. Para él, la ventaja inglesa de la época eran sus cafés, lugares en los que los inteligentes jóvenes practicantes de distintas disciplinas se reunían para intercambiar ideas. Así, el siglo XVIII era exactamente lo que ahora es Silicon Valley sólo que sin fotos de gatos preguntando «Can I haz cheese burger?»

Éste es Johnson, tan brillante como poco seguido. Para quien la tecnología sólo puede ser abierta excepto si eres Apple, en cuyo caso tienes permiso para ocultar fieramente tus diseños.

Con menos grandilocuencia, Eno argumenta que el despegue del rock en los 50 se debió a tres factores. Era fácil de tocar. «Aprende tres acordes y ya dominas el 98% del género». Surgieron multitud de pequeños estudios, y miles de nuevas cadenas de radio necesitaban algo que hacer sonar. Johnson, con nada menos que 1,3 millones de seguidores en Twitter, se queja de su limitación a 140 carácteres. Eno contesta que las restricciones arbitrarias llevan en muchas ocasiones a la innovación. Y así llega el final de la tarde, nada menos que con un viejo glam rocker explicándole a un gurú tecnológico que las dictaduras benevolentes son buenas para la cultura.

Visto en The Guardian. Foto de cosciansky.

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