Carlos de escribió:
Si una descripción verbal o escrita puede contener exactamente la música que tienes en la cabeza, de manera que otra persona pueda convertir esas palabras en la música exacta que tú imaginabas, entonces callo para siempre porque entonces sí estaríamos hablando de que la descripción contiene realmente la creación musical.
Pues de alguna manera así es, aunque no dejas de tener razón en el argumento principal. Me explico. Hay veces que cuando un humano le dice algo a otro (poéticamente por ejemplo) está escudriñando un pensamiento o sentimiento hasta sus últimas consecuencias, o por lo menos más profundamente que lo que la propia literalidad de las palabras pudieran conferir por si solas. Porque la comunicación no solo es oral, lo oral (o escrito) sólo es la consecuencia, el rastro que deja la comunicación. Por eso hablar la mayoría de las veces no es necesario, el puente entre dos puntos siempre está ahí, es más, a veces las palabras lo estropean.
Un ejemplo tonto: hace años estaba grabando un tema folclórico de Guinea (voz, guitarra y saxo) con unos amigos. Ya habíamos grabado todo y únicamente quedaba hacer una pequeña parte solista con el saxo en mitad del tema, unos pocos compases, seis creo recordar, tenía que ser algo breve, entrar, decir algo rápidamente y salir. El saxo lo intentaba pero no se le ocurría nada, grababa y grababa, paraba y decía: “
no…eso no…otra toma…”. Yo paraba la grabación, borraba y volvía a grabarle…mientras, el cantante guineano de casi dos metros se comía todos mis bizcochitos sentado en un cajón flamenco. A la media hora estábamos tan cansados ya que le propuse: …"
¿qué es lo que quieres?…cántamelo…" Y el saxo me decía que no podía más, que no le salía nada. “
Graba tu algo con la guitarra” me dijo. Cómo no sé música no me podía decir quiero un dibujo frigio que case A con B… y como sabemos cómo funciona el otro de tanto trabajar juntos, me miró y dijo estas simples palabras:
“quiero ver un barquito que sale de la orilla y se aleja por el horizonte…quiero sentir como el mar lo mece durante su travesía…y el aire que lo sustenta”. Mientras los dos deglutían los pocos bizcochitos que me quedaban…, me puse los cascos y cogí la guitarra del cantante (una española) y grabé encima lo primero que se me ocurrió sobre la marcha, con un toque más mediterráneo (griego exactamente) que atlántico, y funcionó, a la primera toma…y le dije:
“aquí está tu barquito”… Los dos me miraron y dijeron:
“eso es, perfecto”…”a ver, enciende los monitores para ver cómo suena con todo”…”eso es, maravilloso”…Y nos fundimos los tres en un abrazo entre cariñosos gestos y migas de repostería. Había habido comunicación, o sea, poner algo en común, sin necesidad de literalidad o conocimiento previo.
A día de hoy, cuando lo escucho sigo “viendo” a aquel barquito.
Eso, la máquina, jamás lo comprenderá, aunque cambiemos el sentido de la expresión y la comunicación para adaptarnos a ella como pasa hoy en día (debería de ser al revés, adaptarse la máquina a nosotros…pero eso es imposible). Y ya no digo palabras…un gesto dice más que mil palabras… Todo estriba en un problema de comunicación…es y será como hablarle a una pared, en realidad es lo mismo.
PD: evidentemente no es lo que comentas en la cita, lo del barquito es un burdo ejemplo sacado de contexto…no es necesario que calles para siempre. La música es el mayor medio de expresión…por mucho que se quiera expresar, de palabra o pensamiento, sobre ella, no dejará de ser una simple concreción. Es inabarcable, y es casi ridículo intentar hacerlo. Después de escribir mil páginas estarías como al principio. No recuerdo quién dijo que:
“hablar de música es como bailar de arquitectura”. Los verdaderos músicos se miran mientras tocan…y con esa complicidad basta…rara vez hablan sobre ello…y a veces ni se miran, con escucharse es suficiente.
(disculpad la intrusión...y el ladrillo...)