Sobre lo de prohibir la bollería. Estoy hasta las pelotas de que nos traten como si fuésemos gilipollas. Hasta las pelotas de que se crean que gobernar es decirnos lo que hay que hacer. Me parece inaceptable tal perversión del sistema. Esta gente no está puesta para que nos adoctrinen diciéndonos qué hay que hacer y qué hay que prohibir, muy al contrario, están ahí para que hagan lo que les hemos dicho que tienen que hacer. Pero como somos gilipollas jamás nos levantaremos del sillón y saldremos a la calle a quemar sus casas, sus sedes y sus ministerios y colgarles en la vía pública porque estamos de puta madre practicando el hedonismo que nos tiene anestesiados desde hace 15 ó 20 años, aunque nos prohíban los que sea. Hombre, ya está bien, que ya somos mayorcitos para que me digan qué tengo que comer y qué no. Dejad los putos bollos ahí que ya decidiré yo si me los como o no y ya le diré yo al director del colegio de mis hijos que les dé o no bollos a mis hijos, pero que no venga una panda de ignorantes, ahijadas de caciques progresistas e incultas engreídas conformes con la palmadita en la espalda de su puto líder a decirme lo que tengo o no tengo que hacer. Me vais a perdonar pero estoy hasta los mismísimos cojones de toda esta chusma que juega a gobernar cuando tienen su casa y sus cerebros hechos una pocilga. Pero que siga la fiesta. Barra libre que de momento vivimos muy bien. Hala, venga.
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