Sejoh escribió:
Déjalo hombre, la explicación es sencilla, el que le gusta el toreo no ve un animal sufriendo, es decir no se pone en su piel de la forma que estás deseando que él lo haga, lo cual es lo que te (y a mí también) indigna.
El que le gusta el toreo, ve el toro cómo un símbolo, el símbolo de la muerte. Y el torero hace las veces de alguien que torea a la muerte inminente, de forma visceral, muy sensual, muy físico. Ha de contener su miedo, concentrar todo su ser y enfocarlo, y transformarlo en cada pase, etc etc .. Es muy poético, y simbólicamente es hasta bello, poderoso y solemne.. sumado a esa otra sensación que es similar a la que provoca por ejemplo en un circo ver al tío de la cuerda a 10 metros sin red .. Y la sangre ya le da esa parte mágica, al estilo de la santería ..
En fin, todo un ritual, una religión, un paroxismo, sexo oscuro, una catársis, una eyaculación sensorial desde la tripas ..
PERO .. esta belleza esconde un oscuro secreto bajo hipnosis de la cual despertar sería quitarle la gracia, con lo cuál se crea una costra al respecto, y el sufrimiento del animal queda en un segundo plano en pro del alimento de esa otra parte.
¿Justificable? NO
¿Injusto? SI
La injusticia es injusta, ¿Qué justificación sería justificable?.
¿Qué se puede hacer?. Nada. Esperar a que le(s) salga de dentro.
Exacto. Ni más, ni menos. A mí no me gustan mucho los toros, pero reconozco que hay momentos en que hay "algo", que trasciende la zafia y burda imagen a la que los prohibicionistas quieren reducir "la fiesta". Y como, para su desgracia, el bagaje artístico, poético y literario que la acompaña es de unas dimensiones tan colosales que deja en el más absoluto ridículo a quienes intentan ningunearlo, entrar en discusiones como éstas es una perfecta pérdida de tiempo.
Otra cosa sería entrar en el fondo filosófico de los planteamientos de aquellos que dicen defender un concepto tan estrafalario como el de los "derechos" de los animales, que vienen a ser los mismos que consideran un crimen horrendo comer carne, usar pieles, o, como en este caso, sacrificar animales en pro de alguna clase de catarsis colectiva.
Porque no entender que un animal no puede ser nunca sujeto de "derechos" porque carece de personalidad jurídica es ignorar las bases mismas del sistema de libertades que nos ampara a todos. Demasiado sofisticado, quizá, para mentes simples educadas por Walt Disney, pero no por ello menos cierto.
Y defender que matar animales y comer su carne, usar su piel, o derramar su sangre en un (vano) intento de aproximarse al más allá, es algo contrario a la "humanidad" es, no sólo ignorar qué somos, sino negar aquellas partes de nosotros que precisamente siguen más próximas a la Naturaleza.
Por supuesto, más allá de todo esto está la reglamentación del tratamiento de los animales en la sociedad, pero no debemos creer que todas aquellas normas que fijan las condiciones de cría y su sacrificio para cualquier fin tienen que ver con presuntos derechos animales, sino más bien con cuestiones sanitarias, medioambientales o de orden público, acompañadas quizá de alguna concesión estética.
La "justicia" no tiene nada que ver con esto, los animales no son acreedores de justicia, del mismo modo que mi perra murió en mis brazos sin derecho alguno a hacer testamento, y que me tocó pagar al veterinario no por ser su heredero, sino por ser su dueño.
Para mí, la cuestión aquí está más en por qué algunos insisten en que aceptemos que otorguen de forma unilateral derechos inexistentes a los animales, para luego autoasignarse su defensa y así atacar en su nombre a quien no comparte este disparate. Si los toros tienen derechos ¿dónde y cuando les han cedido a los antitaurinos su representación?