Sonido en vivo

Eterna duda: ¿analógico o digital?

MIDAS XL4

Mientras músicos y técnicos de estudio aún deciden si el vinilo suena mejor que el CD-Audio, los del directo no escapamos a la misma: ¿suena mejor una consola analógica o digital? Dejando de lado la necesidad imperativa de que todo técnico debe entender la metodología que ahora sólo encontramos en consolas analógicas para luego comprender el funcionamiento de las digitales, mi respuesta es clara: ¡digital, sin duda alguna!. Algunos de vosotros me habréis oído alguna vez afirmar que sí, que una XL4 suena mejor que cualquier otra consola del mundo, pero es que tenía prisa y quería o bien irme a casa o, simplemente, rehuir de esta estúpida discusión. Trabajar bajo dominio digital supone un avance tecnológico sin precedentes en el mundo que nos pertoca, mejorando sustancialmente la calidad de los resultados en su símil analógico; y más en el mundo del directo.

Podríamos empezar por temas más bien prácticos. Una consola analógica pesa y ocupa un montón; es cara de transportar, ajustar y mantener. Además, la inmensa mayoría de consolas analógicas sólo mezclan. Las necesidades en procesado de señales deben realizarse “fuera de la caja”, mediante hardware dedicado en exclusiva que añade peso, tiempo de montaje, ajuste e incidencias y, no menos importante, coste añadido. Su versión en digital es una consola tremendamente más compacta, versátil, equipada y muchísimo más eficiente en todos los aspectos. Económicamente no hay parangón.

Una consola digital trabaja, básicamente, con ceros y unos. Almacenar y recuperar estos datos y cualquiera de ellos no supone ningún problema. Lo que hayamos almacenado hoy será idéntico cuando lo recuperemos más tarde, en cinco días o en cinco años. Una consola analógica no recupera nada; peor aún, debes acertar la posición exacta de un ajuste y realizar ese mismo proceso para el resto de potenciómetros, conmutadores y faders que se dispongan. Además, realizar el recall de una consola analógica puede tomar minutos, mientras que en digital apenas un segundo. Esto permite, en el caso de las digitales, recuperar ajustes totales o parciales, virtualmente, en cada compás de un tema musical, lo que permite a los productores un ilimitado número de opciones creativas: si no lo hacemos es porque no queremos, no porque no se pueda.

Si estás en gira y optas por un sistema analógico, a no ser que vayas con él, debes empezar cada día con unas largas y tediosas pruebas de sonido, tiempo que restas en eficiencia, descanso o pruebas en sí mismas. Con un sistema digital puedes acarrear en una pequeña llave USB los ajustes iniciales para prácticamente cualquier consola digital del mercado y empezar las pruebas en menos de un minuto pero con todos los canales pre-ajustados (compresores, selección de efectos, enrutamiento, incluso etiquetas…). O tirar de librerías, que no está prohibido.

Sí, en analógico lo tienes todo al alcance de los dedos. Bueno, normalmente siendo necesario un par de pasos a la derecha o a la izquierda, acercándote y alejándote de los racks de dinámica y procesado. Pero es que en digital también, si cambias los pasos físicos por un par de botones. A fecha de hoy el diseño de las interfaces de usuario permite no sólo tener acceso rápido a cualquier ajuste sino, además, inlcuir ajustes que en analógico eran impensables. Si lo pensamos fríamente, las conocimientos que necesitas para operar bien una consola digital son muy superiores a una analógica, lo que impone más profesionalidad y experiencia.

Hay quien deplora los plug-ins basados en diseños analógicos, justamente porque siempre suenan igual. ¡Es que este es su punto fuerte! Sin duda alguna, al utilizar por ejemplo el dbx 160 de Waves lo que hacemos es trabajar con la emulación de un único y exclusivo dbx 160 analógico, puesto que, a niveles tremendamente precisos, cada dbx 160 suena de manera distinta. Pero la ventaja de esta emulación es que te otorga la fiabilidad de que siempre, exactamente siempre, sonará como le pides. ¿Es esto malo? Si lo que quieres es tener el control absoluto de tu mezcla y no dejarlo a la aleatoriedad de las particularidades de los componentes analógicos, evidentemente que sí. E insisto, ese ajuste que has realizado será el mismo hoy, mañana y pasado.

Los grandes retos tecnológicos que difícilmente podíamos solucionar en el dominio analógico son por fin historia en el digital. En este último caso hemos reducido en un 90% el recorrido de las débiles señales del escenario a través de cables ‘analógicos’. Antes, después de los 10 metros entre el micrófono y el patch de escenario, las señales debían recorrer otros 40 metros de manguera (aunque colocáramos control más cerca, la manguera sigue siendo de 40 m), ser procesadas y, al final, una nueva señal analógica debía recorrer de vuelta esos 40 m hasta el patch y atacar el procesador o la etapa correspondiente. Ahora apenas pueden ser sólo 10 m: la integridad de la señal original está asegurada. Además, uno de los éxitos de la transmisión de datos digitales es su robustez; es decir: la capacidad de corregir ella misma la mayoría de errores durante la transmisión. Y no sólo eso. Siempre hemos temido las conversiones A/D y D/A innecesarias puesto que sabemos que en cada conversión existe una pérdida. Hoy en día podemos obtener una señal en digital del escenario y mantenerla sin conversiones hasta la amplificación (aunque somos tan cazurros que todavía hoy utilizamos un CD-Audio para las pruebas y realizamos dos conversiones D/A y A/D innecesarias).

¿Que a cambio hemos conocido nuevos problemas? Sí, está claro, pero ¿cuánto tiempo hace que no hablamos del jitter? En el mundo del directo tenemos auténticos ingenieros bajo las siglas de Yamaha, Soundcraft, Digico, Avid, Audionate... que no sólo aportan soluciones a los problemas del mundo digital, sino que día a día avanzan a pasos agigantados.

Pero ¿sigue sonando mejor una analógica?

En 2003 el colectivo de audiófilos Matrix HiFi hizo un curioso experimento para resolver una duda que tenían entre la relación de calidad de audio entre un vinilo y un CD-Audio. Lo que realizaron fue elegir un disco de vinilo de referencia por su calidad de audio que, reproducido mediante un giradiscos de muy altas prestaciones, se grabó en un CD-R convencional. Luego realizaron varias escuchas ciegas (los espectadores no tenían referencia visual de lo que escuchaban) entre un numerosos público preguntándoles cuál de las dos sonaba mejor. El resultado fue sorprendente: elegían la grabación CD-R “vinilizada”.

Cuando ves una XL4, por poner un ejemplo, en un festival o concierto sabes que sonará bien. Pero no por el hecho que sea una consola analógica de referencia, sino porque el coste que supone trasladar esa mesa en ese sitio se supone caro y, por lo tanto, todo lo que le envuelve tendrá el mismo nivel “económico”. En este eje y si la producción musical lo permite, es fácil entender que sonará “de lujo”, pero estoy tremendamente convencido que sonaría igualmente bien con una consola digital de rango equivalente. Los parámetros que utilizamos a veces para evaluar el sonido suelen escapar de una base teórica y científica, como demuestra el uso de adjetivos como “cristalino”, “profundo”, “espaciado” o “abierto”. Esto son sensaciones y, en la mayoría de casos, basadas en criterios y premisas totalmente subjetivas. Estoy convencido que ante unas pruebas ciegas y mínimamente estandarizadas bajo criterio objetivo, todos nosotros seríamos incapaces de discernir si lo que está sonando es una XL4, una SD5 o una Profile.

El quid de todo esto se debe resumir en otro planteamiento. Dejando de lado su “calidad sonora” (que ya veis que pongo en duda), cada uno preferirá trabajar con una herramienta u otra, ya sea por miedo a lo nuevo, por tradición, por romanticismo o, simplemente, por comodidad o necesidad. Y en este punto ya no es cuestión de valorar si esas herramientas son o no las adecuadas, sino si el resultado nos convence o no. Es decir, ¿nos gusta más trabajar con una configuración analógica o digital?

R. Sendra
EL AUTOR

Con más de 20 años de experiencia en los escenarios, es técnico de sonido especializado en FOH. Trabaja para bandas nacionales e internacionales como técnico de mesa, y es productor técnico para diferentes festivales y grandes eventos. Kinosonik es su estudio de sonido basado en plataforma digital. Le gusta compartir y le encanta aprender.

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