En las películas —entiéndase, en las americanas, es decir, en las buenas— el aficionado a la música clásica aparece siempre como un amargado que pasa las horas escuchando las mismas óperas de Mozart que sonarían en un anuncio de coches. Curiosamente, en las mismas películas —las americanas, o sea, las buenas— los aficionados a la música Rock están siempre escuchando cosas nuevas e increiblemente molonas. Nunca aparecen escuchando un grandes éxitos de Creedence
