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Emilio escribió:
Lacan nos permite construir una explicación sobre la dinámica de ese placer extraño que habita a todo sujeto. Dice que lo nuevo en Freud fue avanzar más allá de la ética del soberano bien y de lo útil, hacia la apertura de un nuevo campo. Freud ubica el goce en una situación de dificultad del sujeto con su verdad. Le adiciona a la barrera del bien el problema de la verdad de cada sujeto. A la verdad le da la dimensión estética y a lo bello lo llena de luz. La verdad es lo bello y no lo bueno. Y el sujeto se encuentra primero
problematizado con la prohibición, como efecto de lo estético. "El bien no es la sola barrera, la verdad, la única barrera que nos separa del campo central". No se trata de obtener un placer con el goce, sino de buscar sufriendo, una verdad con aquello que hace daño. Esa búsqueda repetida en infinito de la verdad es siempre infructuosa: "La verdadera barrera que detiene al sujeto ante el campo innombrable del deseo radical, en tanto que es el campo de la destrucción absoluta, de la destrucción más allá de la putrefacción, es propiamente hablando, el fenómeno estético en la medida en que es identificable con la experiencia de lo bello" .En esa reflexión: Existe en el sujeto un deseo radical y ese deseo radical está en el campo de la destrucción absoluta del otro, más allá de la putrefacción. Luego, toda esta experiencia del deseo radical la va a relacionar con lo bello. ¿De qué manera? Lo hace al ubicar la verdad en el lugar de lo bello y lo bello en el campo de la destrucción. Estas reflexiones nos permiten proponer un silogismo:
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Sinembargo podemos contemplar como Mario Bunge, filósofo y físico argentino recientemente fallecido desmitifica a este sujeto en su Diccionario de filosofía (Siglo XXI, 2005) Mario Bunge acuña neologismos malintencionados para desprestigiar a aquellas corrientes filosóficas o teóricas con las que no comulga (chatarra filosófica, para utilizar un término de él). Como es su costumbre esgrime argumentos venenosos en contra de la filosofía lingüística, el marxismo… y el psicoanálisis.
Es sumamente llamativo encontrar que aquellos términos con los que él trabaja y considera correctos, están definidos en términos bastante serios, sin embargo casi la mitad de su libro está dedicado a ironizar sobre lo que le desagrada.
Uno de los términos que considera digno de ser mencionado en su reducido vocabulario, es Charlacanismo que lo define como “género literario introducido por el psicoanalista frances Jacques Lacan, quien admitió que el psicoanálisis no es ciencia sino "l´art du bavardage"”. Con esta definición, de pretensiones humorísticas, intenta vincular al psicoanálisis lacaniano con la charlatanería.
Uno de los términos que maneja Bunge “seriamente” es Contexto que lo define como “cualquier dominio o universo del discurso al que pertenece un determinado elemento o en el que está inserto… La indicación del contexto es importante, pues aunque un constructo puede tener sentido en un contexto, en otros puede ser un sinsentido. Tan importante es que un truco retórico común, aunque deshonesto, es la cita de frases fuera de contexto”.
Una vez dicho por él mismo que un truco retórico deshonesto es citar frases fuera de contexto, trascribamos aquí el fragmento de donde es tomada la frase de Lacan:
“[el psicoanálisis] es una práctica que, dure lo que dure, es una práctica de charlatanería (bavardage). Ninguna charlatanería carece de riesgos. Ya la palabra charlatanería implica algo. Lo que implica está suficientemente dicho por la palabra charlatanería, lo que quiere decir que no hay más que frases, es decir lo que se llama "las proposiciones" que implican consecuencias, las palabras también. La charlatanería lleva la palabra al rango de babear (baver) o de espurrear, la reduce a la suerte de salpicadura (éclaboussement) que resulta de eso”
Resulta obvio que el psicoanalista francés utiliza “bavardage” (charlatenería) en este contexto, bajo el entendido de práctica que se basa en la charla, pues “no hay más que frases”. Pero dicha afirmación, tomada de manera aislada, hace decir lo que Mario Bunge busca.
Así pues, hubiese sido conveniente que el autor del citado diccionario debió haber incorporado otro término en su libro, el de Ouroboros: “Símbolo de origen egipcio que presenta una serpiente que muerde su propia cola. En el campo teórico sirve para designar aquellos filósofos que implementando sus propios argumentos se pueden refutar.
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