Necesito el Mackie Freeplay como Bud Spencer necesita ser clonado.
Antecedendes:
Allá por el año 1998 estaba preparando un directo en un pueblo de Albacete (no es la típica coña, soy de Albacete). El set estaba compuesto por guitarra, looper, portátil con sintetizadores vst, distorsiones, delays, reverbs, caja de ritmos, micros... todo eso a una mesa y de ahí al equipo del ayuntamiento que consistía en un amplificador y dos altavoces gigantes. A los 15 minutos, después de aclarar la voz a base de cuerva, gracias al "técnico" del ayuntamiento que pensó que faltaba volúmen, uno de los altavoces salió ardiendo. Como performance no estaba mal. Una improvisación a base de loops, ruido y spoken word pues siempre mejora con fuego pero no de esa clase.
Con el Mackie Freeplay no habría pasado.
En el año 1999, en un encuentro secreto de discordianos, a bastantes kilómetros de casa, fui el encargado de amenizar la velada en honor a la diosa Eris (Hail Eris!). Propuse hacer un set acústico, también con loops y textos sobre la teoría del Caos, ruido e improvisación caótica. La persona que se encargaba del lugar de reunión y todo lo necesario pensó que el tema acústico no necesitaba de corriente eléctrica. La reunión fue en un antiguo molar. "¿Tu ampli no funciona a pilas? He traído pilas".
La actuación quedó en tocar canciones de Hank Williams alrededor de una hoguera, "I'm so loooonesome I couuuld cryyyy". A las 3am llegó la Guardia Civil.
Con el Mackie Freeplay no habría pasado. El Mackie hubiera ahuyentado a la Benemérita! \m/ \m/
Año 2003. Son las 23:23. 23 de mayo. La luna se esconde entre las nubes, una brisa suave se resiste a terminar sus días en la siesta del verano. Paseaba por las afueras de la ciudad buscando la solución a un problema, un acorde de paso, un chasquido en el cerebro que mostrara la solución.
El extrarradio, poco a poco, como diluyéndose, se convirtió en una espiral, angosta, pesada, pegajosa.
Caminaba y caminaba sin rumbo consciente, la propia gravedad de la espiral me absorbía hacia el vórtice, hacia el brote psicótico que descubrió ante mí la auténtica cara del terror.
Con el Mackie Freeplay no habría pasado, él era la solución al problema, era el acorde de paso entre la locura y la cordura, entre la cruda realidad y las sombras de la caverna.
Año 2015, hace unos días. Como de costumbre, mientras desayuno leo el periódico en la tablet, me desinformo y continúo con mi ritual, abro el correo y seguidamente visito Hispasonic. "¿Mackie Freeplay? Es lo que llevo necesitando tanto tiempo, la solución a los problemas eres tú Mackie, siempre lo has sido!" Necesito participar en el concurso. Joder! llego tarde al trabajo. Joder! no me dejan, quiero participar! Acaba mi turno. Como un poseso, un poseído por algún demonio runner, corro sin vergüenza ni cuidado. Unas cuantas miradas me recuerdan que algo se me va de las manos. Necesito ese Mackie. Corro más. Llego a casa, joder! No tengo conexión. Llamo a la empresa que suministra la red, joder! no responden. Salgo a la calle, busco wifi. Joder! Nada. Subo. Ceno. Duermo. A trabajar. Hoy. Joder! Dadme un puto segundo! Necesito ese Mackie. A tomar por culo! He cambiado el órden de los párrafos pero en realidad, este es el primero que he escrito. Cuando mi jefe me ha pillado y me ha echado la bronca, le he dicho que se compre un Mackie, que seguramente acabará con sus problemas. Me ha llamado a su despacho. No pienso ir hasta que acabe el post.
(Me ha llamado por tercera vez)
(Estoy despedido)
No puedo desaprovechar el wifi de la oficina.
Rápido. Mañana volveré y me quedaré en la puerta, seguramente no suplicaré, me quedaré pensando. No pienso caminar esta noche por el extrarradio buscando la solución. Vendré otro día y otro día. Hasta que tenga el Mackie Freeplay y vuelva a la oficina. A la puerta. A montar mi setlive, mi setlife, él y yo, él y mis cacharros, él y yo en la esquina, amenizando la entrada a mi antigua vida y escribiendo cual poeta callejero los primeros párrafos de la nueva.
Con el Mackie Freeplay no habría pasado, pero ya no es un problema, es la solución.
cuerva: bebida hecha con vino, azúcar y fruta.
molar: lugar donde se dejaban las reses muertas para que los buitres se las comieran.
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