#156
No se dónde ni con qué elenco de profesores estudiarías; yo, quitando la de alta edad media (gótico), que era mala con cojones y viejuna, todos ente buenos y muy buenos (Pérez Sánchez, María, Valeriano Bozal, Ramírez en el doctorado...), a mí me forjaron como a los pianistas cubanos los profesores rusos; si se caía la regla en la digitación a cortar caña; con un rigor, con una exigencia metodológica, con una seriedad conceptual que hizo que se cayeran muchos de mis paradigmillas anteriores de enfant terrible de provincias (y ojo que en Logroño tuve profesores buenísimos en los años de comunes, como Pérez Arrondo, Pedro Arrarás, Aurelio Arteta, Ramón Irigoyen y otros y ya venía formadito), y , cuidado, se que historia del arte es una carrerita de niña bien.
Como utilizar las fuentes, cómo dsitinguir ñlo falso de lo verdadero, la fortísima base filosófica (ojalá que aun hubiera sido mayor) me hicieron poseer un método no digo incólume, pues ni la más empírica de las ciencias lo es; pero sí que estaba a años luz de la vulgaridad, cuando entendí que detalles paletos como escribir en textos más o menos solemnes los números con guarismos numéricos en vez de con su nombre o me dí cuenta de mis rémoras fanzineras tan endebles frente a la academia sancionada por tribunales de altura y no por el bla, bla, bla (el rasero que mueve al común de la sociedad), comprendí que la Universidad (ahora devaluada por utilitarismos ajenos al saber a través de la jodida Bolonia), era el templo del saber, el museo (no por anticuado; sino por preservado frente a la idiotez) del rigor.
Cuando venía de musiquillo jazzero de Logroño y conocí a Peris y bebí un poco de las fuentes de Orf, de un contrapunto riguroso, de unas formas penderehkianas me di cuenta de qué era la música: mucho porro y demasiada libertad sin conclusión, en la transición (el 23 F me pilló en 4º, aquí en Madrid, mi primer año en la UAM y en la especialidad) y lo mismo en los años sucesivos.
Sin rigor, sin escepticismo, sin ironía (pero también sin clavar codos) no se llega a ninguna meta.
En cuanto a que el arte, la psicología o la Antropología gane escindiéndose de la filosofía, no estoy en absoluto de acuerdo; al revés: la especialización te la ha de dar el profesorado, los trabajos, los exámenes, los cursos de doctorado, si los hay, los trabajos de investigación y, aun cuando como yo se deje de frecuentar habitualmente, estar a la que se pueda conectado con ese saber. El tronco básico de la Filosofía, en las ramas pendientes de Filosofía y letras, para no caer en la estadística mal aplicada, en la parcialidad torticera (a veces disfrazada de especialización), en la vaguedad de saberes bastardos, en el apunte-basura, cuanto más cerca del tronco, mejor. Por mucho que alguien quiera investigar o ilustrarse sobre lo indoeuropeo, lo hindú o lo tibetano.
Responder
Citar