Antes, cuando éramos jóvenes e íbamos cortos de dinero, sí que prestaba, aunque previamente me informaba de las virtudes del anfitrión para cubrirme las espaldas.
Como no prestaba a todos los amigos, algunos de ellos me acribillaban a grabaciones. Y grabar de un vinilo a una cinta era un poco paliza.
Pero una vez, un amigo trajo a un amigo suyo (desconocido para mi) que, al ver la habitación de los CDs, empezó a husmear y a pillar como si estuviese en una tienda. Al salir de la habitación, el notas llevaba unos seis o siete estuches y le pregunté qué pretendía hacer con ellos. Lo mejor de todo es que el chaval pilló un buen mosqueo porque no me fiaba de él y me dijo un par de bobadas que quedaban en mitad de camino entre la ofensa y la excusa.
Total, que los años pasan maravillosamente y ya tenemos todos erario como para sufragarnos nuestros vicios más fetichistas.
Como no prestaba a todos los amigos, algunos de ellos me acribillaban a grabaciones. Y grabar de un vinilo a una cinta era un poco paliza.
Pero una vez, un amigo trajo a un amigo suyo (desconocido para mi) que, al ver la habitación de los CDs, empezó a husmear y a pillar como si estuviese en una tienda. Al salir de la habitación, el notas llevaba unos seis o siete estuches y le pregunté qué pretendía hacer con ellos. Lo mejor de todo es que el chaval pilló un buen mosqueo porque no me fiaba de él y me dijo un par de bobadas que quedaban en mitad de camino entre la ofensa y la excusa.
Total, que los años pasan maravillosamente y ya tenemos todos erario como para sufragarnos nuestros vicios más fetichistas.
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