Gracias amigos por este más que gratificante debate. Coincido con Irenale en que pocas veces he tenido la ocasión de seguir un hilo tan interesante y lleno de contenido.
En este caso tengo que decir que estoy bastante más cerca de la postura de Bárbol. Esto es así sobre todo porque Adolfo (por favor, corrígeme si me equivoco) enfoca siempre el asunto desde la óptica de que su música sea vendible. Pone en un plano de igualdad la calidad de la composición y la calidad de la producción.
Bárbol concede mucha más importancia a la composición. Creo que le importa poco si las frecuencias de los instrumentos se pisan y nunca cambiaría un instrumento por otro porque crea que mezcla mejor al ecualizar.
El sentido artístico por encima del "posiblemente" económico es el que me acerca más a Bárbol.
Hace mucho tiempo que vi en este taller que algunos sentimos la necesidad de componer simplemente por el placer de hacerlo, y si no lo hacemos nos falta algo. Y esto va mucho más allá del rendimiento económico que podamos obtener.
En mi caso, mis "producciones" no le llegan ni a la suela de los zapatos a las de estos dos foreros, y como he comentado alguna vez, tampoco me preocupa demasiado. Por supuesto, y de paso, si consigo hacer que mis temas suenen bien, mucho mejor, para qué negarlo. Además, intentaré aprender a que suenen cada vez mejor. Mi punto de vista aquí es más extremo que el de Barbol. No espero ningún rendimiento económico. Tengo mi sustento económico por otro lado y esto lo hago por puro placer. Espero que salgan por aquí otros foreros que compartan mi forma de ver este asunto. ¡A ver si voy a ser yo el único idiota idealista del foro!
Me considero netamente compositor. Trabajo siempre sobre partituras y con el objetivo y la vista puesta en que una obra acabada sea una partitura, no un archivo de audio. El audio es la referencia sonora de que lo escrito en partituras me gusta y me suena bien y la forma de compartirlo con otros, vista la escasa probabilidad de que mi tema lo vayan a interpretar mañana.
Mentiría si dijera que no me gustaría que alguien me pagara por mi música. Claro que me gustaría, pero no es el motor que me mueve a componer.
También digo honestamente que a día de hoy no podría aceptar un encargo. Mi ritmo de trabajo es lento y los plazos no me sentarían bien. Cada frase que pongo la he pensado muchas veces antes. No sé si mi música es buena o mala, pero lo que sí tiene es que cada parte de la melodía, de la armonía, está más que meditada, de forma que es exactamente lo que quería que fuera, y sé que no soy capaz de hacerlo mejor. Ni me plantearía cambiar un clarinete por un oboe porque sus frecuencias medias se mezclaran con las de la trompa, como se ha dicho aquí.
¿Y todo esto para qué? Puede que para nada. O puede que dentro de unos años, con un catálogo de unas cuantas obras en tu haber, alguien diga: ¡Coño, si esto es bueno! Lo vamos a interpretar. Yo oigo un tema mío interpretado por una orquesta y soy más feliz que una lombríz. Y me da igual si me van a pagar por ello.
Gracias por permitirme compartir esto con vosotros.
Un saludo.