"Estoy preparado para morir" decía hace unas semanas en una entrevista en The New Yorker. En una respuesta sobre unos versos inacabados:
"No creo que sea capaz de acabar esas canciones. Quizá, ¿quién sabe? Tal vez reciba un nuevo aliento, no lo sé. No me atrevo a atarme a una estrategia espiritual. No me atrevo a hacer eso. Tengo trabajo que hacer. Encargarme del negocio. Estoy preparado para morir. Espero que no sea demasiado incómodo". Y continuaba hablando de su salud: "Estás perdiendo demasiado peso, Leonard. Te estás muriendo, pero no tienes que cooperar con entusiasmo con el proceso. Oblígate a ti mismo a comer un sándwich"
También tuvo la oportunidad de despedirse de su otrora pareja, a la que ya había dedicado la canción "So long, Marianne" de su primer disco. Le envío la siguiente carta dos días antes de fallecer en el mes de julio:
“Bueno, Marianne, ha llegado el momento en el que somos viejos y nuestros cuerpos están decayendo y creo que te seguiré muy pronto. Sabes que estoy tan cerca detrás de ti que si extiendes la mano, alcanzarás la mía. Y sabes que siempre te he querido por tu belleza y por tu sabiduría, pero no necesito decir nada más porque ya lo sabes todo. Ahora, sólo te deseo un muy buen viaje. Adiós, vieja amiga. Te querré siempre, te veré en la carretera”.
No seré yo quien alabe los premios Princesa de Asturias, pero tuvieron el detalle de premiarlo.
El estribillo de una de sus últimas y crepusculares canciones lo deja claro: "Hineni Hineni, I am ready my lord"
Nos estamos quedando sin dioses