Para mí, el Casio CZ-1 siempre fue un sinte que engañaba por su aspecto: esas 61 teclas y el tamaño daban pinta de máquina seria, pero dentro era un motor digital bastante limitado. Sin filtros, sin efectos, sin secuenciador, ni arpegiador, ni LFO, ni sección de mezcla… solo la famosa distorsión de fase de Casio y 16 voces con after touch que en los 80 sonaban más a experimento que a instrumento profesional.
Yo tuve uno y disfruté de sus envolventes de 8 etapas con el aftertouch, sobre todo de lospads y los bajos, que era lo mejor que ofrecía, pero poco más, porque los pads tenían aliasing a toneladas y un ruido blanco constante.
El nuevo CZ-1 mini de Behringer, en cambio, sí que trolea al original y lo mejora en varios aspectos, aunque no es multitimbrico como el CZ-101. No busca ser una copia exacta del CZ-1 de casio, sino una reinterpretación moderna del concepto.
Lleva un VCF analógico de 24 dB, chorus y las mismas envolventes de 8 etapas, pero además incorpora un secuenciador de 16 pasos fácil de programar, un arpegiador con tres patrones y compatibilidad con los presets clásicos vía SysEx. También suma una envolvente dedicada al filtro y un LFO, lo que ya lo coloca en otra liga.
Aunque parte con solo 3 voces de polifonía, permite usar las envolventes completas de 8 etapas, y todo apunta a que Behringer terminará ampliando la polifonía con futuras actualizaciones de firmware, igual que hizo con el ProVS Mini. Como sinte monotimbrico, es claramente más completo, más flexible y puede dar un carácter sonoro más vivo que el CZ-1 original.
Para mí, este es el “CZ de bolsillo” que Casio nunca llegó a fabricar, ideal como gadget para usar con un teclado MIDI o una workstation y dar ese toque retro ochentero a cualquier pista.
Y lo mejor: este no va a pesar 13 kilos por culpa del teclado.