Marcusen escribió:
Pues prefiero la IA que es la esencia de la música y de los músicos que un chaval que ni sabe de música, ni sabe tocar ningún instrumento, ni cantar, ni nada. solo regurgita lo que ha mamado de niño y lo graba con la ayuda de algún técnico con experiencia en plugins reguetoneros.
Eres de los que les encanta la manzana, pero no te importa si el árbol se te cae encima con tal de probarla. No esperarías que esos muchachos aprendieran a escalar el árbol y bajar las manzanas, y en el proceso, muchos no podrían subir. Simplemente, los que tengan talento serán los que suban y bajen las manzanas para que los demás las disfruten. Pero claro, tú eres de los que ya quieren un Grammy sin esfuerzo, ¿verdad?
Marcusen escribió:
En cuanto a si se va a usar, menos el abuelo cebolleta todos la vamos a usar. Es cuestión de tiempo que salga un modelo open source similar al de Stable Diffusion, que se podrá ejecutar con los futuros ordenadores. Por tanto el contenido generado ya no será propiedad de un servicio, será del que lo produce en su máquina.
Aunque el uso generalizado de la inteligencia artificial es una posibilidad inminente, la afirmación de que el contenido generado será automáticamente propiedad del usuario que lo produce en su máquina es, en gran medida, simplista e inexacta. La propiedad intelectual, en este contexto, es un tema mucho más complejo que simplemente ejecutar un modelo de IA en tu propio ordenador.
Primero, el hecho de que existan modelos de IA "open source" no implica que el contenido generado por estos modelos no esté sujeto a regulaciones legales o derechos de autor. De hecho, la creación de contenido mediante IA plantea serias dudas sobre quién posee realmente los derechos sobre ese contenido: el creador de la IA, el usuario que la emplea, o incluso los propietarios de los datos con los que entrenaron la IA. El uso de modelos open source no elimina estos problemas, sino que los amplifica, ya que sin una regulación clara, cualquiera podría generar contenido que infrinja los derechos de autor de otros, especialmente si el modelo se entrena con datos no autorizados.
Además, muchos servicios basados en IA, incluso aquellos que operan bajo licencias open source, siguen implementando restricciones sobre el uso del contenido generado. Plataformas como OpenAI o Stability AI, aunque permiten el acceso a sus modelos, mantienen ciertos términos de uso que establecen la propiedad del contenido generado en función de las reglas y contratos legales, y no simplemente por el hecho de que el usuario ejecute el modelo localmente.
Por otro lado, el futuro de los ordenadores y las arquitecturas de hardware aún es incierto. Aunque las capacidades de procesamiento de los ordenadores están avanzando rápidamente, aún estamos lejos de ver máquinas que puedan ejecutar modelos de IA de última generación de manera tan eficiente y accesible como algunos predicen. Ejecutar un modelo de IA en casa requeriría una potencia de cálculo considerablemente alta, lo cual no es algo trivial para la mayoría de los usuarios, y no todo el mundo podrá tener acceso a esa infraestructura.
Finalmente, la idea de que el contenido generado por IA será "de quien lo produce" no toma en cuenta el impacto ético y social de la IA en la creatividad humana. Si bien la IA es una herramienta poderosa, la creatividad sigue siendo un proceso inherentemente humano que involucra juicio, contexto y experiencia personal. El hecho de que una IA pueda generar contenido no significa que ese contenido sea automáticamente valioso, ni que refleje un esfuerzo creativo genuino. En última instancia, el contenido generado por IA, en muchos casos, será un eco de los datos con los que fue entrenada, lo que plantea interrogantes sobre su originalidad y relevancia en un contexto cultural más amplio.