Jodé, se me olvidaba una muy buena. Estabamos tocando en el Palacio Euskalduna , en Bilbao, la hostia pues... con el coro de la U.P.V. - E.H.U. (el coro de la universidad del País Vasco). Eramos, un pianista, 2 percusionistas clásicos (timbales, cajas, etc.), Mustafá que llevaba la percusión afoárabe, el coro, una tía que llevaba los controles de unas grabaciones africanas que se ponían en determinados momentos, el coro en cuestión y yo que tocaba la guitarra acústica y el bajo eléctrico. Yo en primera fila, detrás los percusionistas. La sala de conciertos llena de los catedráticos, rectores y profesores de turno y algún alumno y becario pelota que iban a sumar puntos delante de sus profesores. Que inocentes!! ¡¡Si los profesores y catedráticos iban para figurar también!!! En primera fila de butacas unas niñatas de estas que siempre se sientan en primera fila de clase para hacer la pelota a los profes, que fueron allí para lo mismo, pa que dijesen ¡¡uy que cultas son estas niñas,!! vamos a ponerles un 10 en historia del arte, en cálculo algebraico y en pelotismo chupapollil. Total, que no pararon de cuchichear en toda la obra y yo les oía todo.
Y llega el gran momento. El momento único. El único puto número de toda la obra en el que se toca el Gong. Los percusionistas clásicos eran uno el que salió en Gran Hermano, David, y el otro su primo. Pues va el primo y, despùés de un crescendo glorioso en "fru becuadro disminuida la 13ava" del coro le arrea el hostiazo al Gong. Joder y como le dió. Salió volando el Gong y toda la primera fila intentando esquivarlo, pegando saltos, volteretas con chirivuelta y la de dios. Y de mientras el estruendo del Gong, que era como la paellera de los anuncios de Fairy pero con más sustain. El percusionista blanco. Luego rojo. Luego morado. Su primo, David, se agacha detrás de las congas a descojonarse de la risa, como si se le hubiese caído algo, y le empiezo a oir mofarse. Mustafá con la sonrisa impertérrita de siempre y yo, para mis adentros: " no te rías cabrón, que la jodes, aguántate que estás en primera fila... no te rías..." y en estas que las pijas de primera línea de butacas le dice una a la otra (léase con voz de pija) "Hala, tía, que al tío ese se le ha caido el platillo gordo ese...!!!". Me pongo, blanco, luego rojo. Me contengo rojo, blanco, sudor, empiezo a hacer muecas hemipléjicas con la boca, y de mientras David partiendose el pecho detrás de las congas. Aguanté como un campeón, pero las risas que me eché después, buah...
El caso es que los transportistas, en el trayecto desde el conservatorio al palacio de la música, con el ajetreo, habían aflojado un poco el nudo del Gong, algo imperceptible hasta el momento álgido.